Misterioso puente entre América y Europa

Describiendo el continente perdido, Platón dice que su litoral y sus montañas estaban «constituidas por rocas blancas, negras y rojas», exactamente como las que son encontradas, incluso hoy, en las Canarias y en las Azores.
Se observó también que las aves migratorias de Europa, antes de su vuelo anual hacia el continente americano, pasan por determinada área del océano, cerca de las Azores, circulan por aquel lugar largo tiempo, y solo después siguen hacia su destino.
Muchos naturalistas ven en eso una herencia de lo que hacían sus antepasados, que descansaban en las montañas de la Atlántida durante el largo vuelo. También las anguilas europeas, inexplicablemente, dejan los ríos en que viven y todos los años se dirigen hacia la misma región, donde se aparean.
Tal vez hicieran lo mismo, hace diez mil años.
Los insectos, peces y otros pequeños animales de América y de Europa podrían haber pasado de uno a otro lugar si hubiera un tercer continente que les sirviera de puente. Y muchos vegetales de las Azores son idénticos a ciertas especies de América Central y de la Península Ibérica.
Siguiendo todas esas pistas, la ciencia continua con sus intentos de descifrar el gran enigma. Pero las pistas no terminan ahí.
Según la mayor parte de los científicos que se empeñan en el descubrimiento del continente desaparecido, la fecha citada por Platón no puede ser rigurosamente cierta, pero los elementos geográficos proporcionados por el filósofo son exactos. En la Atlántida habría florecido una civilización superior, «cuya corrupción de costumbres» llevó a los dioses a destruirla.

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