¿Cómo aprendieron aztecas, incas y mayas?

La antropología, cuya contribución a la incesante búsqueda ha sido valiosísima, ofrece pruebas casi concluyentes a los investigadores de la Atlántida.
Un examen antropológico, por ejemplo, nos mostró ya que los vascos son muy parecidos a los aztecas y a los mayas. En la lengua hablada por los antiguos habitantes de Europa Occidental encontramos centenares de palabras que tienen idéntica significación para los grupos que vivían en la América precolombina. Y los antiguos nos hablan de que Poseidonis, la capital de la Atlántida, tenía los techos de sus casas cubiertos de oricalco, «metal tan miserioso como bello», seme’jante al oro.
Eso, dejando ya de lado la antropología, coincide con las descripciones hechas por los conquistadores españoles, que hallaron, entre los aztecas, incas y mayas, indicios de que sabían trabajar el cobre, haciendo aleaciones que parecían oro y templándolas de un modo especial.
A pesar de torturarles, los artesanos de estos pueblos no revelaron su secreto. Y la misma conquista del continente por los europeos fue facilitada por las leyendas de esos pueblos, que hablaban de «hombres blancos que llegarían del mar, en grandes barcos».
Si en América no existían hombres blancos, ¿de dónde surgió esa creencia?
Los conocimientos de los aztecas, incas y mayas sobre arquitectura y astronomía estaban muy avanzados. En muchos puntos, coinciden con los de Egipto y Mesopotamia, sin que puedan encontrarse, si no se cuenta con la Atlántida, los elementos de esta relación cultural. Los indios americanos no conocían la rueda, al igual que los antiguos habitantes de las Azores, que usaban trineos deslizantes tirados por animales. La rueda fue introducida en Egipto por los invasores venidos de las proximidades del mar Negro. De ahí la hipótesis de que los hombres de la Atlántida tampoco conocían la rueda.
Pero, a juzgar por una serie de otras hipótesis, los atlantes, ocho mil años antes de Cristo, poseían ya vehículos aéreos, una avanzada técnica del prospección topográfica, y, tal vez, la fotografía.

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