¿Quién es el Diablo?

mitosCreyentes o no, la figura del Diablo nos inquieta, nos perturba o nos produce angustia. Pero, ¿sabemos por qué?
El Diablo, tal como lo entendemos normalmente, no es lo que creemos. Una vez más, las raíces etimológicas nos informan sobre el sentido exacto del término y nos revelan que la interpretación que le damos y las representaciones que hacemos son falsas.

Los orígenes del Diablo

El término griego diabolos, de donde sale nuestro diablo, significa literalmente «el que tira de un lado y de otro, que desune, separa, siembra la discordia». Es la palabra que los traductores griegos de la Biblia emplearon para traducir del hebreo el término satán, el acusador. En efecto, uno de los papeles del Mal, en la tradición judaica, es el de acusar a los justos ante el Tribunal de Dios.

Para los griegos, un alabólos era un acusador, un calumniador, resumiendo, un personaje que no caía muy bien. En el s.X, el latín tardío diabolus ya había derivado hacia «diablo» en romance castellano con el sentido de demonio.

En el siglo XIII ya había arraigado una «ciencia» de carácter diabólico para la preparación de las pócimas, brebajes mágicos y remedios. Era una de las tantas ramas de la magia. A partir de ahí, podemos decir que hemos pasado de la noción antigua de acusador público – función ejercida hoy en día por un fiscal en un tribunal de justicia- a la noción medieval, más moderna, de demonio. Sin embargo, es la idea de demonio la que se nos ha grabado en la memoria y a la que nos referimos hoy en día, sin saber muy bien lo que quiere decir «demonio» excepto que, para nosotros, es una representación o encarnación del Mal.

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