La Navidad y el solsticio de invierno

El día de Navidad se conmemora el nacimiento (la natividad) de Jesús. Tal aniversario…, ¿se basa en una fecha histórica? ¿Existe una relación entre esta fiesta cristiana y el solsticio de invierno?
Navidad significa «día de nacimiento». Entonces, podemos decir que el astrólogo tiene en cuenta la Navidad de cada persona para calcular, establecer e interpretar una carta astral. Sin embargo, como sabemos, la Navidad designa concretamente la fiesta de la natividad de Jesús, celebrada por los cristianos; aunque, actualmente, se ha ido perdiendo poco a poco su carácter religioso en favor de un ritual un tanto folklórico, una costumbre desprovista de fundamento, que ya no significa gran cosa, hasta tal punto que el mito, la leyenda, los símbolos y la historia se confunden y provocan confusiones en nuestras mentes. La historia que ocupa estas líneas no es la de la Natividad de Jesús, sino la de esa fiesta, religiosa para algunos, social para otros, que todo el mundo celebra la noche del 24 al 25 de diciembre y que es, sobre todo, la ocasión de hacerse regalos.

El solsticio de invierno

Si consultamos el calendario, observamos que, sin fallar un año, la noche de Navidad tiene lugar dos o tres días despues del solsticio de invierno, la noche más larga del año, que marca el instante en que la Tierra se encuentra en el punto más alejado del Sol. Es el primer día del invierno, momento en que el Sol entra en Capricornio en el zodíaco y que anuncia simbólicamente el renacimiento del día, la resurrección del Sol, ya que es a partir de dicho instante cuando los días se irán alargando y las noches se irán acortando, hasta el equinoccio de primavera, cuando la luz triunfa frente a las tinieblas, y el día es más largo que la noche.

Las celebraciones del solsticio de invierno

El día del solsticio de invierno era una jornada de celebración en muchas civilizaciones antiguas de todo el mundo, en las que el culto al Sol tenía un papel predominante. Sin embargo, es falso que nuestros antepasados los celtas -de quienes descienden numerosos pueblos europeos- celebraran los solsticios y los equinoccios.
En efecto, aunque los solsticios de invierno y verano y los equinoccios de primavera y otoño se encontraban en el calendario silvestre celta, y eran destacados mediante los cuatro árboles cardinales -el haya (solsticio de invierno), el roble (equinoccio de primavera), el abedul (solsticio de verano) y el olivo (equinoccio de otoño)-, según el estudioso M.L. Sjoestedt el «1 de noviembre y el 1 de mayo (de cada año) dividen el año en dos estaciones, la estación fría y la estación caliente. […] El calendario celta no se basa en el año solar, en los solsticios y equinoccios, sino en el año agrario y pastoral, en el comienzo y en la finalización de las labores de cría de ganado y del cultivo.
Por consiguiente, en el mundo mí tico de los celtas dominan las diosas de la tierra, mientras que las divinidades solares prácticamente no existen». En cambio, si dirigimos la mirada hacia Oriente, vemos que, tanto en Babilonia como en Egipto, el Sol era loado absolutamente como a un dios. El faraón Amenofis IV, más conocido como Akhenatón, fue objeto de culto por los adeptos a Amon-Ra, la primera religión monoteísta conocida y que data del siglo XIV a.C.
En todo caso, parece más o menos establecido históricamente que fue el emperador romano Aurelio quien, en el siglo III de nuestra era, declaró el 25 de diciembre día de la fiesta del Sol (Natalis Solis Invicti o nacimiento del sol invicto), para celebrar el culto a Mitra, muy apreciado por las legiones romanas y cuyo origen parece remontarse a los persas al menos seis siglos antes de Jesucristo, pero no podemos afirmar que, en aquel tiempo, se tratase de un dios exclusivamente solar. Sin embargo, es inevitable comparar el Mitra de los persas y el Mitra del hinduismo, divinidad solar que junto con Varuna, regente de la noche, son los guardianes del Cielo y la Tierra, según los Vedas (textos de la doctrina sagrada 1 de los hindúes cuyo origen se remonta al año 1500 a.C.).
Por otro lado, los romanos celebraban sus saturnales del 17 al 24 de diciembre, y el 25 de diciembre correspondía precisamente al día del solsticio de invierno en el calendario romano. Sin duda fue así como el día del «nacimiento del sol invicto» se transformó en el del «nacimiento de Cristo» para los romanos convertidos al cristianismo.
También históricamente, Constantino, el emperador romano fundador de Constantinopla, hizo que las fiestas paganas del Imperio de Occidente se convirtieran en fiestas cristianas. El día del nacimiento de Jesús, según los cristianos, que entonces celebraban el bautizo y la Epifanía el mismo día —es decir, la «aparición» del lucero del alba (Venus) anunciando el nacimiento de Jesús a los Reyes Magos (recordemos que eran astrólogos, divinos y magos)-, coincidiendo con el de las fiestas paganas del solsticio de invierno, fue el día elegido para celebrar la Navidad.

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