El número 2

El Taï Ghi Tu o símbolo del Yin y del Yang, el zodíaco y el ritmo binario son representaciones simbólicas de la función unificadora del 2.
Si habitualmente el 2 representa una pequeña cantidad o un número pequeño, no es así corno aquí lo entendemos y lo enfocamos. En efecto, en esta líneas no vamos a tratar de las cualidades cuantitativas de los números, que son ciertamente muy útiles para contar, clasificar, organizar, repartir, agrupar, sino de su alcance simbólico. Por este motivo escribimos «Números» con N mayúscula, pues cada uno de ellos forma un todo indivisible, una unidad entera, cuyo principio originario e inicial se encuentra en el 1 o vuelve hacia él de alguna manera.

El Thaï Ghi Tu

Uno de los más bellos símbolos que representa el conjunto perfecto formado por el 2, sin duda alguna, es el del Yin y el Yang, tal como está representado en el Tao chino. El principio del Tao, filosofía y doctrina religiosa cuya regla fundamental se basa en la «no permanencia» de las cosas y la transformación constante, está representada por el Taï Ghi Tu.

Más conocido bajo el nombre de «símbolo del Yin y del Yang», este signo significa literalmente «la imagen de lo absoluto», o concretamente «la imagen de la transformación suprema». Este principio presenta analogías con el de la prima materia de los alquimistas, ya que también se trata de una imagen de la energía universal que preside toda vida.
El Taï Ghi Tu es un círculo perfecto. Está dividido en dos partes iguales por una suerte de S central y vertical que, simbólicamente, representa la serpiente o el dragón en China. En la parte izquierda y blanca atribuida al principio del Yang o gran principio masculino, aparece un punto Yin negro. En la parte derecha y negra atribuida al principio Yin o gran principio femenino, se encuentra un punto Yang blanco.

El dragón que aparece en el centro, al tiempo que separa el Yang del Yin, engendra un movimiento constante entre estos dos principios fundamentales y su interpenetración continua, representada por un punto Yin en la parte Yang y por un punto Ymg en el interior de la parte Yin. Es así como los chinos imaginan la mutación permanente de los dos grandes principios de toda vida, formando en el fondo una sola cosa.

Siendo dos, pueden engendrarse el uno al otro sin cesar y ser el origen de las múltiples formas de la vida en la Tierra y en el Universo. Resaltemos que este símbolo del Yin y del Yang se encuentra en los signos zodiacales de Cáncer y Piscis, y nos informa de que ambos signos tienen a la vez partes femeninas y masculinas. Los signos masculinos son Aries, Gemirís, Leo, Libra, Sagitario y Acuario; los signos femeninos son Tauro, Cáncer, Escorpio, Capricornio y Piscis.

En otras palabras, todos los signos de Fuego y Aire del zodíaco son masculinos mientras que los signos de Tierra y Agua son femeninos. Pero, reunidos en el zodíaco, forman un conjunto coherente. Cada uno de ellos tiene sus cualidades y sus propiedades en las cuales parecen estar inmersos y de las cuales los astros se impregnan cuando las cruzan. También ellos tienen un principio Yin y Yang en función de la naturaleza de cada cual. No es absurdo decir que el zodíaco es el Taï Ghi Tu de Occidente.

El ritmo

Es fácil imaginar cómo el hombre tomó consciencia del ritmo y cómo sintió en él el canto mágico y sacro de la letanía de su sistema binario, inspirado sin duda en su ritmo cardíaco o en la cadencia de su paso, tanto cuando caminaba como cuando corría. Podríamos creer -aunque sea pura especulación por nuestra parte, pues no tenemos ninguna prueba tangible que nos dé la razón- que andando y escuchando el movimiento constante de la diástole y la sístole de su corazón, el hombre concibió el ritmo y le confirió carácter mágico, ya que el ritmo que oía en él parecía corresponder perfectamente a ciertos ruidos y cantos de la naturaleza, como el de las olas, el de ciertos pájaros, el del viento en los árboles, el de la lluvia repiqueteando en el suelo, etc.

Si seguimos especulando para ilustrar mejor el símbolo del 2, tal como fue percibido y concebido por nuestros antepasados, quizás al tomar consciencia del ritmo binario sobre el que se basa la gran sinfonía de la naturaleza y que sentía dentro de sí, el hombre entendió que todo era doble: el hombre y la mujer, el Cielo y la Tierra, arriba y abajo, el día y la noche, el calor y el frío, el Sol y la Luna, lo interior y lo exterior, la vida y la muerte, el alma y el cuerpo y, mucho más tarde, lo puro y lo impuro, el bien y el mal. Decimos «mucho más tarde» pues, a priori, lo que era doble no implicaba obligatoriamente la noción de dualidad o de oposición, en el sentido que le damos hoy en día. Efectivamente, de entrada, el 2 hace referencia al dúo, a la pareja, a la unión, al doble que es otro yo. La dualidad caracteriza lo que es doble, pero no lo que es opuesto.

Acerca de lo dual -que sin razón asimilamos a la dualidad entendida como oposición, rivalidad, lucha entre dos personas o dos cosas-, su origen etimológico nos enseña que la raíz procede del latín dualis, que significa «binario», y de ahí procede el «dualismo», contrariamente a «dúo» que deriva del latino dúo y cuyo significado era «dos».

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