El número 1

El 1 reúne y unifica. Forma un todo. Aquí no lo entendemos tanto como el primer número sino como el símbolo unificador de los elementos de la vida.
Para algunos, el universo es el reverso del 1; para otros, es todo lo que se orienta, se dirige, se gira o retorna hacia el 1. Si nos atenemos a las raíces etimológicas de la palabra, el latín unversus significaba «girado (virado, versus) de manera a formar un conjunto». En otras palabras, parece que el 1 se ha concebido siempre como un todo, un principio absoluto, un desenlace, un final en sí. Esta noción del todo contenido en el 1 y recíprocamente, lo encontramos en la expresión «todo es uno», que significa: es lo mismo, es como.

El punto de luz

Todo ocurre como si el 1 fuese el principio y el final, como si el principio y el final formasen un todo, un conjunto, como si fuesen una sola cosa. Este principio se revela en la figura ancestral del punto situado en el centro exacto del círculo. «Cuando el Desconocido de los Desconocidos se quiso manifestar -dice el Zohar- empezó por crearse un punto.» En efecto, si imaginamos un mundo inmaterial y vacío en donde nada es aparente, en donde nada existe, en el cual surgiría de lo desconocido un sencillo punto, nos encontramos enfrentados de repente al mundo de lo visible. Por otra parte, este punto visible sobre el cual podemos fijar nuestra atención, pero también concentrar nuestra mente, aguza y despierta nuestra consciencia.
Es así cómo ciertos ejercicios de yoga nos conducen, después de algunos movimientos de relajación y de respiración, a crear el vacío en nosotros, tranquilizando o domesticando la actividad natural de lo mental, la cual podemos considerar como un joven animal fogoso. Cuando lo hemos conseguido, se trata de visualizar un punto luminoso. Además de ser un ejercicio maravilloso de concentración, esta práctica estimula las facultades de discernimiento, de elección lúcida y objetiva y paradójicamente, de la acuidad visual. Efectivamente, el que se entrega a este ejercicio de manera constante y rigurosa ve ampliarse su campo visual a lo largo del tiempo ya que el punto luminoso sobre el que fija su atención con los ojos cerrados tiene tendencia a agrandarse, a envolverlo y a veces hasta absorberlo. Este fenómeno ha sido descrito también por personas que se han encontrado sumidas en un coma profundo del que han salido milagrosamente. Los testimonios se cruzan entre seres que, no teniendo relación ninguna entre ellos, confirman que han visto surgir un punto luminoso cada vez más grande que, poco a poco, los ha envuelto de una luz bondadosa y generosa, viva y difícilmente descriptible.

Los símbolos unificadores

Aunque nos encontremos en el universo de una visión interior, no podemos evitar ligar el punto en el interior del círculo que, como el 1, está en el Todo y el iris en el centro del ojo. Este punto en el centro del ojo representa también el símbolo del Sol en as-trología, que parece un ojo ardiente enganchado al cielo.
De esta manera los antiguos egipcios percibían Ra, el dios Sol, al que representaban por una magnífica cobra erguida sobre la cola y con un único ojo que le invadía toda la cabeza. Se trataba de Uraeus, representado a menudo en la parte frontal de la corona de los faraones y que simbolizaba el calor vivificante y el soplo de vida. Así, el punto, el centro, el ojo, el Sol, el corazón, el soplo son símbolos unificadores.
Tenemos también que aludir al sri-yan-tra, que significa literalmente «instrumento de lo sublime».
Es un diagrama utilizado en el tantrismo hinduista —doctrina religiosa procedente del hinduismo, orientada hacia el despertar y el dominio de las energías primitivas y la fusión de los opuestos, en que se practican ejercicios de kundalini-yoga- con el fin de fijar la atención y el espíritu del monje sobre el punto central que se encuentra en el corazón del Todo y despierta la fuerza que restituye la vida y retorna al Uno. Este esquema es un mándala, que ejerce un poder mágico y unificador sobre quien lo usa.
El trabajo no estaría completo si no se hiciera referencia a la mónada considerada como el mayor principio unificador y el alma del mundo por los alquimistas, filósofos y practicantes del esoterismo y de la cabala cristiana del Renacimiento.
La representó el astrólogo inglés John Dee, según un esquema que se inspira a la vez del árbol de Sefirot de la cabala y del símbolo del astro Mercurio por encima del cual se encuentra el símbolo del Sol.
Para concluir recordaremos que la palabra Sol comparte una etimología común con «soledad» y «solitario». De ello podemos deducir que si 1 es igual a único, Sol es igual a solo. Unus solus, en latín, significa: «uno solo».

Volver a Mitos, leyendas símbolos

Artículos relacionados