El fuego

Sea del cielo o de la tierra, sagrado o doméstico, del paraíso o del infierno, el juego, elemento primordial, es la expresión del bien y del mal.
mitosEl fuego es creación, nacimiento, principio, luz original, alegría, elemento divino o divinizado por el hombre. Este, sumergido en los misterios de la noche, se alegra cuando sus ojos se abren a la luz del día, alumbrados por los rayos del sol. Pero el fuego es también destructor, ya que lo quema todo. Esta ambivalencia fue rápidamente observada por nuestros antepasados, que hicieron del fuego una representación y un símbolo del bien y del mal.

El fuego de los dioses

Ni el hombre primitivo, en primer lugar, ni el hombre de la Antigüedad, más tarde, necesitaron instrumentos de medida para entender las ventajas que podían obtener del fuego y los peligros relacionados con él. Su supervivencia dependía del día y del astro de fuego (causa y efecto), de la luz y del calor que el fuego prodiga. Pero también aprendieron a no fiarse de este fuego que a veces caía del cielo: el relámpago, el rayo. Según ellos, cuando los dioses querían castigar a los hombres, manifestaban su desaprobación y su ira mediante los fuegos del cielo. La tierra también escupía fuego de sus montañas. ¿Acaso no fue con un dedo de fuego cómo Dios inscribió, en el cráter de un volcán, las letras de los Diez Mandamientos sobre las Tablas de la Ley dadas a Moisés? El fuego, por tanto, es principio de vida, revelación, iluminación, purificación, pero también es pasión y destrucción. El fuego brilla en el paraíso. Quema en el infierno. Da la vida pero la vuelve a coger y la transforma en cenizas.

Hefesto, Prometeo y el fuego mitológico

Hefesto-Vulcano, hijo de Zeus-Júpiter y de Hera-Juno, era el dios del fuego en la mitología griega. Reinaba sobre el fuego de los volcanes y de los metales, es decir, sobre la metalurgia. Era el herrero de los dioses. Como tal, forjaba armas y lo hacía principalmente para Aquiles. Participó en la creación de Pandora, la primera mujer de los griegos, a cuyo cuerpo dio forma y cuyos miembros amasó con barro, según el modelo de las diosas inmortales, antes de insuflarle el aliento vital.
Prometeo, hijo de Titán, robó el fuego de la forja de los dioses a espaldas de Hefesto, a fin de darlo a los hombres que él creó.
De este modo, fue considerado bienhechor de la humanidad, ya que tomó el fuego del cielo, privilegio que sólo los dioses tenían hasta entonces, con el único objetivo de hacer más agradable la vida de los hombres. Para castigarle, Zeus le encadenó a una roca, con ataduras de acero forjadas por Hefesto, y le condenó a que un águila le devorase eternamente el hígado, que siempre se reconstituía.

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