La ailuromancia 1

El gato en Europa

Aunque existen muchas posibilidades de que todas las especies de gatos domésticos conocidas en la actualidad tengan un antepasado común, el gato africano en que se inspiraron los egipcios para esculpir estatuas-efigie de su diosa Bastet, parece que los pequeños felinos que llenan los hogares del mundo entero aparecieron en Europa muy tardíamente. Sin embargo, refiriéndonos a la conocida expresión «había cuatro gatos», que se emplea metafóricamente para indicar que no hay casi nadie, y que apareció en el lenguaje popular, en Europa, en el siglo XVIII, da lugar a pensar que en ese siglo ya había muchos por el Viejo Continente. Asimismo, aproximadamente un siglo antes, corría una expresión popular que decía «echar la lengua al perro» y que fue sustituida por «echar la lengua al gato». Ahora bien, esta expresión tiene una connotación bastante bárbara, puesto que se refiere a un castigo de la Edad Media que consistía en cortar o arrancar la lengua a los mentirosos o a aquellos que se negaban a reconocer su falta. Es lícito suponer, pues, que a principios de la Edad Media fue cuando el gato salvaje, importado del norte de África, irrumpió en Europa y que tanto se consideró un animal benéfico y protector, como una encarnación de la sombra, las fuerzas del mal o un animal diabólico. Por eso, el hecho de que el gato les pareciese a nuestros antepasados un animal raramente hermoso y familiar, que vivía y cazaba por la noche, al igual que el buho, y que tenía, por otro lado, un gusto pronunciado por las mismas presas que esta ave rapaz, se vio en él un seguidor del Diablo. De ahí a imaginar que el gato tenía poderes, benéficos o maléficos, según la interpretación que se quisiera darle, sólo había un paso, que a nuestros antepasados no les costó nada dar.

La auliromancia

Así es cómo nació la ailuromancia, es decir, la ciencia de los presagios relacionados con los gatos, algunos de los cuales se remontan a la más lejana Antigüedad y que subsistieron a pesar de las transposiciones que sufrieron. Veamos varios ejemplos que han llegado hasta nuestros días, algunos de los cuales siguen muy arraigados en el espíritu de nuestros contemporáneos, pero que hoy relegamos al rango de las supersticiones. Y sin embargo, ¿ la realidad y la verdad no residen en el valor y el crédito que se concede a las cosas? Lo que para uno es un signo, para otro puede no serlo. Pero para quien cree en ellos, evidentemente se trata de un signo… Existen presagios muy conocidos como por ejemplo el atribuido al gato negro cruzándose de repente en nuestro camino, carretera o calle, que anunciaría una muerte próxima o cualquier desgracia, o el del gato que se pasa la pata por detrás de las orejas después de habérsela lamido, para limpiarse y que sería signo de lluvia. Pero también los hay no tan conocidos.
Por ejemplo, cuando un gato que no conoces te sigue, evidentemente sin que lo hayas llamado, se dice que es señal de buena suerte o incluso de una entrada inesperada de dinero. El mismo gato negro, que se considera un mal augurio si nos pasa por delante, resulta un presagio muy bueno cuando entra inesperadamente en una casa. En este caso, es mensajero de felicidad y prosperidad para la familia que habita aquella casa. Ver un gato gris o pardo es señal de suerte.
Al tener el gato un instinto que le predispone a ser especialmente receptivo a las variaciones de las presiones atmosféricas y a los cambios de tiempo, existen en el mundo entero muchos presagios meteorológicos relativos a los gatos, parecidos al de la pata por detrás de la oreja. En Europa, Estados Unidos, China o Rusia, por ejemplo, se cree que si observamos un gato limpiándose, al anochecer, junto al fuego, se puede prever el tiempo que hará al día siguiente…

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