Otras recomendaciones contra el mal de ojo

Una vez esté seguro del problema que le afecta, pondrá en movimiento todos los utensilios para realizar un ritual.
Al principio debe ser sencillo, práctico y corto, sin divagaciones y extrañas fórmulas complicadas que, seguramente, ni él mismo comprende.

Cuarenta y ocho horas antes del ritual debe lavar la estancia con abundante agua jabonosa, sin aditivos de lejía, detergente o salfumán. Es decir, con productos naturales y ecológicos, y con el propósito de que la estancia se halle en perfectas condiciones de limpieza.

Las ventanas deberán permanecer cerradas, con los visillos bajos. Transcurrido este tiempo prudencial y de preparación será el momento oportuno para iniciar el correspondiente ritual.

Para este fin podrá usarse una mesa redonda, mediana, de las que suelen utilizarse en muchos hogares para tomar el té.

Se cubrirá con un paño de color indeterminado, preferible que no sea negro, y sobre éste se pondrán dos velones rojos, una lamparilla difusora de perfumes, un crucifijo en el caso de los creyentes, y un platito con sal gruesa, agua bendita o lustral (agua recogida con un algodón, del rocío de la noche), y un hisopo de incienso.

El ritual debe realizarse en silencio y con la máxima seriedad posible. Una vez realizado el material empleado debe destruirse porque no serviría para otras ceremonias. Las velas se encenderán siempre con una cerilla de madera, nunca de cera, ni se empleará un encendedor o mechero. Y se recitará:

«Que esta luz os ilumine, y os rescate de la tinieblas en que habéis estado sometidos, y que vuestra conciencia oprimida por los enemigos, resplandezca de nuevo a la luz de la vida».

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