El uso de felpudos mágicos 1

Acto seguido encenderemos la vela de color blanco de la izquierda, para proceder seguidamente a la blanca de la derecha. Cuando ambas estén encendidas diremos en voz alta:

«Por el poder del fuego que arde en estas ceras blancas, ordeno que se manifieste toda la positividad en el felpudo que ahora consagro y personalizo».

A continuación, mientras mantenemos un estado de relajación y concentración en lo que hacemos procederemos a extender las manos sobre el felpudo mientras se visualiza la proyección de energía positiva sobre él, al tiempo que mentalmente repetimos:

«La energía positiva que ahora sitúo sobre este felpudo me ayudará a preservarme de todo mal, potenciando mi energía natural y ayudándome cuando lo necesite».

Finalmente el operador dejará consumir las velas hasta el final y dará por concluido el ritual. Una vez disponemos del felpudo mágico ya consagrado, procederemos a situarlo en la puerta de la casa como si de un felpudo normal se tratase y seguiremos las siguientes instrucciones de uso:
Antes de entrar en el hogar nos frotaremos los pies en el felpudo. Este proceso es muy útil cuando hemos tenido un mal día o incluso cuando la persona está condicionada por depresiones e inquietudes que no son buenas entren en la casa. Para dejar los «residuos» fuera del hogar, procederá a frotar cinco veces cada uno de sus pies antes de entrar en la casa diciendo mentalmente:

«Con esta acción dejo en el exterior toda negatividad, toda mala vibración y mal aspecto de los que me acompañan».

Tras la acción anterior entraremos en la casa con normalidad. Este mismo proceso aunque de una forma más disimulada debemos practicarlo con las personas ajenas a nuestra vivienda, de manera que les indiquemos con cualquier pretexto que se froten los pies antes de entrar dentro de nuestra casa.
Como es lógico no podemos obligarlas a invocar pero sí a pensar mentalmente en que dejan fuera de la casa sus residuos mientras vemos que lo hacen físicamente, con lo que se elimina así notablemente la posibilidad de aceptación de un mal de ojo.

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