Amuletos y talismanes contra el mal de ojo

Los amuletos y talismanes contra el Mal de ojo han coexistido siempre a lo largo de la historia y en las diferentes culturas. Han formado un amplio repertorio de objetos variados, desde simples semillas hasta partes de un animal, pasando por plantas, piedras, huesos y símbolos; un conjunto de artículos que servían para paliar la inseguridad humana.
El hombre ha buscado objetos en los que poder atribuir su suerte o su bienestar, objetos que debían de estar constituidos con alguna característica especial, tal como el color, la forma, señales inusuales, marcas, agujeros, brillo, etc., características que los hacían distintos, y por ello, tenían un poder especial. La herradura no deja de ser uno de esos instrumentos mágicos, que en este caso, aplicado a la magia doméstica se convierte en un poderoso amuleto.
Las civilizaciones primitivas, neolíticas, fueron las primeras que comenzaron a fabricar amuletos y talismanes, prueba de ello son los enterramientos en los que el fallecido está rodeado de estos objetos que formaron su vida y le fueron respetados en su viaje al más allá.
Para aquellos pueblos estos objetos poseían unas características especiales que, en muchas ocasiones, eran potenciadas a través de danzas y oraciones, es decir se cargaban de magia para que fuesen más efectivos, para que tuviesen más poder y más efectividad sus fuerzas desconocidas.
Desgraciadamente la civilización moderna, tecnológica y racional ha despreciado estos objetos, pese a que muchos pueblos siguen utilizándolos como ya habían hecho sus predecesores en el antiguo Egipto, en las diás-poras judías, en la imperial China o los indios y chamanes más recientemente.
Para estos pueblos los amuletos y talismanes siguen funcionando gracias a la presencia de espíritus o poderes que convergen en ellos dándoles una fuerza especial.
Despreciar estos objetos que han sido sagrados durante miles de años sería despreciar cualquier otro tipo de sacralidad. Los amuletos y los talismanes son condensadores de fuerzas fluidas, de esencias humanas que los han portado y utilizado, y también de fuerzas y energías cósmicas que se acumularon en el momento de su fabricación.
A través de estos objetos de hueso, madera, piedra, piel, metal o pergamino, coexiste el poder del operador y del objeto en sí. Es una correspondencia análoga que, a veces, llega a multiplicar las energías allí condensadas: la que recibió en el momento de su fabricación, las que actuaron en su ritualización y las que aporta el operador.
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Mal de ojo