Vaporización: el poder de la combustión

Afortunadamente en nuestros días, para lograr un perfume vaporizado, esto es, que el aroma del perfume llegue hasta nosotros en forma de humo, ya no es necesario encender una hoguera y quemar en ella ramas, grasas u otros elementos que antaño provocaban esas emanaciones. En el mercado esotérico el lector encontrará todo tipo de defumador o vaporizadores de perfumes, desde los más sencillos, hasta los más refinados y sofisticados, que ofrecen algo en común, el vapor del perfume que se combustiona y se expande por un recinto.
Cuando se indique que un perfume debe ser vaporizado, nunca, absolutamente nunca, deberá ser inhalado en forma de vaho o similar, sino que deberá penetrar en los pulmones como un ambientador más, de forma seguida pero indirecta. Hacerlo de otra manera podría acarrear negativas consecuencias para el usuario.
Con la vaporización se pretende impregnar no sólo una estancia, sino también las prendas que viste el propio operador haciendo llegar a través de su sentido olfativo una vibración perfumada que ponga en marcha determinadas glándulas, centros nerviosos y energéticos.
Para cualquiera de los casos, lo recomendable sería que el operador dispusiera de un lugar, una habitación para realizar aquellas defumaciones de índole general, con la evidente excepción que pueda venir determinada en la ficha correspondiente a cada perfume.
Esa habitación se convertiría con el tiempo en un lugar cargado de energía, un lugar mágico en el que una persona trabaja con sus perfumes para lograr una serie de cosas, un reducto, que como todo «santuario», cuantas más prácticas acoja en su seno, más poderoso será y más vibraciones y energías podrá manejar en beneficio de la persona.
La vaporización, no ofrece ningún tipo de dudas, ni ritual previo salvo que se indique lo contrario; sólo se trata de depositar unas gotas de esencia en un defumador y dejarlo quemar, aunque sí es recomendable evitar corrientes de aire y ser moderado en la aplicación de las gotas, para no provocar un exceso aromático que en lugar de beneficiar puede llegar a pudiera dificultar la acción.
Finalmente apuntar que para el mayor aprovechamiento de los olores vaporizados, la persona debe respirar normalmente, siguiendo las formas acompasadas descritas en el capítulo anterior, nunca forzando un ritmo de respiración y como es normal y ya cotidiano, manteniendo una profunda relajación y sintiendo física y mentalmente, la llegada de ese aroma al cuerpo del operador, el resto será cosa del perfume.

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