El aroma de la Ilíada y la Odisea

Grecia dará una gran importancia a los perfumes y aromas que tienen que estar forzosamente relacionados con los dioses del Olimpo. Así vemos como recetas de perfumes medicinales aparecen grabados en lápidas de mármol procedentes de diversos templos dedicados a Esculapio y Afrodita.

La civilización griega, como la egipcia, untaba a los difuntos, quemaba incienso y perfumaba especialmente sus cuerpos en los que la belleza muscular no sólo tenía que resaltar sino también ser aromática.

Las casas griegas siempre estaban rodeadas de jardines en los que se podía oler el aroma de las flores plantadas. Los griegos se lavaban la cabeza con hojas de parra y se hacían guirnaldas de rosas para mitigar las jaquecas.

En sus ciudades el perfumista era una persona importante, la historia nos menciona a Megalus, un perfumista griego que hacía perfume de canela, mirra e incienso mezclado con aceite de balano. En las páginas de la Odisea encontramos a Ulises en Itaca, dando instrucciones a su hijo Telémaco para que purifique con mirra e incienso el templo en donde ha matado a los pretendientes de la fiel Penélope.

La importancia del perfume llega en Grecia hasta el mismo Oráculo de Delfos, donde se quemaba mirra e incienso, y donde las sacerdotisas arrojaban flores sobre grandes túnicas blancas para macerarlas posteriormente.

Y finalmente tenemos las Olimpiadas, el mayor espectáculo del mundo Griego, donde el vencedor de las pruebas verá recompensado su esfuerzo con el premio de la corona de hojas de laurel aromáticas.

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