Sacrificio de humanos

Todas las religiones practicaban sacrificios humanos. Luego, las víctimas fueron reemplazadas, primero por animales y más tarde por objetos simbólicos.
En las civilizaciones precolombinas, los sacrificios rituales se realizaban periódicamente, en determinadas fechas del año, con el objeto de mejorar las cosechas.
Las policías de todo el mundo saben que diariamente se practican sacrificios humanos. Por lo general, quienes los consuman son los acólitos de alguna secta satánica.
¿Qué es un sacrificio humano?
Aunque parezca obvio decir­lo, un sacrificio humano es aquel que se consuma con i la aprobación o no de la | víctima, y por mano de ¡I otros que dicen servir a un Dios o a un ser supe­rior. Los sacrificios huma­nos son tan antiguos como el hombre y casi todas las religiones del pa­sado los practicaban, hasta que las víctimas propiciatorias fueron reemplazadas y simbolizadas, en principio, por anima­les y más tarde, por representaciones confeccionadas por especialistas en ese quehacer.
¿Quiénes eran los sacrificados y cómo se los elegía?
Esta es una pregunta que admite varias respuestas, por cuanto no se puede hacer un arquetipo del sacrificado y sus parti­cularidades. En primer término, debe señalarse que a lo largo de la historia hubo dos tipos de víctimas propiciatorias: las que aceptaban serlo y las que lo eran contra su vo­luntad. Las primeras, una ínfima parte de cierto, tienen una gran significación, ya que han sido personas que se sometieron -en diferentes lapsos históricos- a torturas y muerte, con la íntima convicción de que el sacrificio tenía un fin más alto y, por ende, les serviría para estar más cerca de la divinidad. Entre estos sacrificados se contaban gran cantidad de fanáticos (de diversas religiones) que se dirigían hacia el martirio con una alegría incomprensible. Como contrapartida, se encuentra una inmensa legión de sacrificados que lo fueron contra su propia voluntad y, en ocasiones, hasta como chi­vos expiatorios de religiones que ni siquiera eran las suyas propias.
¿Son los típicos casos de sacrificios humanos perpetrados con prisioneros de guerra?
Efectivamente.Y no hablamos de la ejecución lisa y llana de estos prisio­neros, ya que nos referimos únicamente a los sacrificios rituales (en todo caso, las guerras pertenecerían a ese costado enfermo de las comunidades que necesi­tan holocaustos que sirvan como catarsis sociales). En las oportunidades men­cionadas, los sacerdotes de antiguas religiones africanas, asiáticas, europeas o americanas (en realidad toda la Tierra fue el vasto escenario de estas prácticas), requerían a los jefes políticos que les entregaran los prisioneros para realizar las ofrendas a sus dioses en agradecimiento a las victorias militares. De esta forma, ya sea a través del fuego o de la espada, los desafortunados eran llevados a la pira de sacrificio y ofrecidos á divinidades de simbolismo terrible.
¿Y qué ocurría cuando no había guerras que proporcionaran mártires a los vencedores?
Los anales de los pueblos america­nos anteriores a la conquista española, al igual que las tablillas mesopotámicas y las estelas africanas o asiáticas, nos hablan de sacrificios rituales que se llevaban a cabo periódicamente, en determinadas fechas del año y con el objeto de mejorar las cosechas, lograr la fertilidad de las muje­res, engrandecer a la nación propiciante, y una interminable nómina de motivos que conducían al condenado a la pira. Esto sin contar, obviamente, el tributo consuetudi­nario que sólo buscaba aplacar la sed de sangre que los mortales atribuían a algu­nos de sus dioses. En todos estos casos, si no se contaba con prisioneros de guerra, se recurría a individuos de la propia co­munidad, que en gran cantidad de ocasio­nes eran preparados con el mismo énfasis que se ponía en adoctrinar a un sacerdo­te.

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