Tipología salina

Si bien muchas tradiciones mágicas se centran en la sal marina, fruto de la evaporación del agua del mar, debemos tener presente que hay otros muchos tipos de sal a los que también podemos recurrir para fines esotéricos.
La sal es un mineral sólido blanco, lo que ayuda a relacionarlo todavía más con la pureza, la espiritualidad y la sabiduría de lo ancestral. En su forma cristalina es transparente e incoloro, con un brillo muy parecido al hielo.
Al ser un elemento soluble tanto en agua fría como en caliente, se afirma de ella que posee dos naturalezas: una positiva y armónica y otra negativa y destructora. Por ello la sal es masculina, aguerrida y material, capaz de destruir por la acción cuando se diluye en agua caliente. En cambio, al diluirse en agua fría, se convierte en mujer, ayudando a las cuestiones más sutiles, siendo intuitiva o premonitoria y haciendo el bien.
Como hemos visto, en casi todas las culturas se ha tenido presente la sal, ya sea con fines comerciales, sociales o mágicos. Ello se debe a la gran cantidad de reservas naturales que hay en el mundo.
Además de encontrarse en minas y conseguirla evaporando agua de mar, hallamos este material de otras muchas maneras. La sal de roca se produce por un proceso similar a la sal marina. Se purifica hirviendo y cristalizando la salina en diversos grados de finura para producir sal de mesa que se trata, además, con antiapelmazantes, de ahí que la sal de cocina reciba también el nombre de «sal gorda». Será esta sal una de las que más usemos a lo largo del libro, aunque, por supuesto, recurriremos también a las otras.
La sal está formándose constantemente por la acción de ríos y corrientes sobre rocas que contienen cloruros y compuestos de sodio y se halla ampliamente distribuida en la naturaleza. Se encuentra diluida en el agua de los océanos en concentraciones que alcanzan los 30 g/1 de agua, constituyendo un 3 por 100 de la masa del agua de los océanos. También podemos hallarla en ríos, lagos y mares interiores, en concentraciones que varían entre el 0,002 por 100 del río Mississippi y el 30 por 100 del mar Muerto. Por supuesto, no podemos olvidar la mágica sal de las ciénagas, supuestamente empleada por los nigromantes del medioevo para sus maleficios y que es la que se encuentra formando capas en pantanos y en el fondo de lagos secos, sobre todo en zonas extremadamente áridas. Algunas leyendas nos remiten a esta sal como la única capaz de utilizar para vencer a un ogro. Otra variación salina es el mineral halita, conocido comúnmente como sal de piedra que aparece en lechos de ríos y lagos, depositado por la deshidratación de antiguas masas de agua salada.
El modo más simple de obtener sal en zonas próximas a los mares es por evaporación del agua salada, pero este método tiene el inconveniente de que es costoso, al menos a niveles industriales. Aconsejamos al lector que pueda permitirse un desplazamiento a lugares costeros, que recurra a recoger este tipo de sal, no sólo para su alimentación, sino también para sus rituales mágicos.
En la mayoría de los casos, la sal se obtiene explotando depósitos subterráneos mediante técnicas de minería o a través de pozos excavados en dichos depósitos. La mayoría de la sal comercial se obtiene por el sistema de salmuera. El proceso es simple: se disuelve sal en agua que se introduce por unos tubos, y se hace salir la salmuera, que no es otra cosa que agua cargada de sal, a la superficie por otros tubos. Una vez extraídas las impurezas, se evapora la disolución salina.
Entre los diversos métodos de evaporación en uso, los más importantes son: la evaporación solar, que emplea el calor de los rayos solares; la evaporación en vacío, en crisoles o marmitas y la evaporación por calor directo en crisoles y marmitas abiertas. Al margen de un fin esotérico, purificador o mágico, la sal es un componente esencial de la dieta de los seres humanos y de otros animales de sangre caliente. Tanto es así, que los animales salvajes a menudo se congregan en torno a corrientes saladas o en superficies con incrustaciones de sal para lamer los depósitos de este mineral. Pero ese es otro camino en el que no entraremos. Como hemos visto, la sal tiene más importancia de lo que nos puede parecer a simple vista. A partir de ahora quizá no miraremos un salero de mesa y sólo veremos en él un condimentador de nuestra dieta.

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