Técnicas de relajación

Los expertos en dinámica mental aseguran que la mejor forma de relajarse es no pensar en hacerlo. Desde luego relajarse no es dormir sino estar en plena vigilia, siendo conscientes de nuestra realidad y sabiendo en todo momento qué estamos haciendo. Es evidente que la relajación puede conducirnos al sueño y que si no llevamos cuidado, al menos en las primeras sesiones, podemos acabar dormidos. Y ése no es el fin.

Hay muchos métodos de relajación, pero el más simple de todos es dejarse llevar. Si controlamos la respiración y nos centramos en ella, sin pensar en nada más, veremos que hay una distensión del cuerpo y una evasión de la mente.

En cambio, si nos esforzamos en relajar por ejemplo una pierna, veremos que sentimos hormigueo, fío, calor o incluso tensión y que en lugar de relajarnos acabamos poniéndonos nerviosos. Lo mejor pues es no pensar en qué parte del cuerpo debemos relajar y dejar que él mismo sea quien poco a poco aplaque sus nervios.

La mente es uno de los factores primordiales cuando nos relajamos, ya que nos bombardea con pensamientos, recuerdos e ideas. No debemos participar de este juego, pero tampoco debemos reprimirlo. La mejor manera de obviar el proceso mental es ver pasar los pensamientos e imágenes mentales sabiendo que no nos interesan y, por tanto, que no nos recrearemos con ellas.

Cuando para llevar a la práctica un ceremonial debamos relajarnos, únicamente nos concentraremos en la respiración. Evitaremos cavilar sobre los objetivos que tenemos para el ritual y sólo pensaremos en él o en su desarrollo, cuando realmente estemos relajados física y mentalmente.

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