Ritual de sal marina para encontrar pareja

El agua es el mágico elemento que representa mejor que ningún otro las emociones de lo afectivo pasional y creativo. El agua es vida, y como tal, caldo de cultivo de la existencia, de la perpetuidad de aquello que evoluciona hasta llegar a un fin propuesto.
El agua está asociada a la mujer, o mejor dicho al arquetipo de lo femenino, y con él a lo intuitivo y mágico. No importa que seamos hombres o mujeres, puesto que todos, en mayor o menor medida, estamos influenciados por el arquetipo de la energía de la mujer, no en vano más de un 70 por ciento del cuerpo está formado por líquidos.
El ritual que veremos seguidamente aúna dos parámetros muy interesantes. Por una parte, en él confluyen el agua, en este caso marina, y la sal que contiene dicho líquido. Estamos pues ante la utilización de los elementos naturales con el fin de lograr hallar una energía que sea compatible con la nuestra, una esencia a la que denominaremos pareja. Para conseguir nuestro objetivo, precisaremos del uso del arquetipo femenino, es decir, de la seducción, el encanto, la creatividad, la emotividad y el sentido de ir más allá de lo puramente tangible. Todos estos aspectos están en el agua del mar que, además, posee la sal, elemento aglutinador y protector.
INGREDIENTES
1 cuenco lleno de sal fina.
1 tiza.
1 kilogramo de sal marina.
1 vela de color rosa.
1 vela de color azul claro.
6 pequeñas conchas marinas.
1 jarra de cristal con capacidad de más de un litro.
1 litro de agua de mar.
1 piedra imán.
PREPARACIÓN
Para inicial el ritual que nos ocupa, deberemos tener presente que antes de emprenderse nos deberemos duchar, y al hacerlo nos frotaremos el cuerpo con un puñado de sal fina. Dicha operación podemos realizarla con ayuda de una esponja o directamente con la mano, pero siembre en dirección descendente, es decir, desde la base del cuello hasta la punta de los pies. Nos dejaremos secar al aire y a continuación, si ésta es nuestra costumbre, completaremos el aseo con crema o aceite hidratante.
Tan pronto como se haya puesto el Sol, nos instalaremos cómodamente en el espacio que tenemos reservado como dormitorio y en un rincón del mismo, preferentemente orientado al Norte, dibujaremos un círculo con tiza de un metro de diámetro que reseguiremos con el kilogramo de sal marina.
Una vez elaborado el salado círculo, nos pondremos en su centro, encenderemos con una cerilla de madera la vela rosa, levantaremos los brazos al hacia el cielo y realizaremos la siguiente invocación:

Yo (diremos nuestro nombre), convoco en este acto mágico a las energías positivas que guían mi camino. Pido que ellas me protejan y guíen a encontrar la pareja que necesito y merezco.

Dicho esto, bajaremos las manos y con la ayuda de la llama de la vela rosa prenderemos la vela azul. Las depositaremos muy juntas en un punto orientado al norte del círculo y las rodearemos con las seis conchas marinas.
A continuación, y siempre desde el interior del círculo, llenaremos la jarra con el agua de mar. Tras lavar el imán concienzudamente, nos lo introduciremos en la boca, con cuidado de no tragárnoslo. Humedeceremos los dedos pulgar y del corazón de la mano derecha con el agua de mar de la jarra y nos señalaremos la frente, el pecho, el pubis y ambos hombros, solicitando interiormente que el preciado líquido nos purifique y limpie nuestra mente y cuerpo de cualquier tipo de negatividad.
Seguidamente, extraeremos el imán de la boca y lo pondremos en el interior de la jarra con agua marina. Nos sentaremos en el suelo, simularemos abrazar la jarra y concluiremos el ritual con las siguientes palabras:

Energías que estáis en el lado luminoso de la Fuerza, compartir conmigo vuestra esencia.
Cubridme con el manto del amor y favoreced que éste sentimiento nunca falte en mi vida.
Escuchad mi petición y facilitad que mi corazón ya nunca más camine por las áridas sendas de la soledad. Concededme la pareja deseada y colmad de bendiciones nuestra vida.

Tras la invocación, dejaremos consumir las velas por completo y, sin deshacer el ritual, nos acostaremos. Durante nueve días consecutivos mantendremos la magia intacta, renovando ambas velas a diario.

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