Protector de sal contra las desavenencias

Desde siempre la sal ha protegido hogares, negocios y personas. Su presencia suele bastar para purificar un ambiente negativo ya que es capaz de absorber las vibraciones de lo turbio de forma excepcional.
La creencia más generalizada es que la sal puede servir como escudo psíquico capaz de paralizar ideas, sentimientos y sensaciones, por ello se convierte en ideal ante las desavenencias de la pareja.
Resulta evidente que entre dos personas siempre cabe la posibilidad de la existencia de rencillas, discusiones o desacuerdos. Pero una cosa es la divergencia constructiva y otra aquella que, poco a poco, hace mella en el transcurso normal de la relación provocando, al paso del tiempo, el descrédito y la ruptura.
Los malos entendidos, los celos o la injerencia de terceras personas en la relación afectiva, pueden dar como resultado que una desavenencia acabe en la no deseada ruptura. Para mitigar todo ello, recurriremos a un sencillo protector mágico de sal que, no es que vaya a solucionarnos todos los problemas, aunque seguro que ayudará a fomentar la constructividad y el diálogo apartando los nubarrones de rencor y los sentimientos de venganza.
INGREDIENTES
1 pañuelo propio.
1 recipiente de cristal.
Sal gorda.
Aceite esencial de manzanilla.
1 vela blanca.
1 pequeño papel de pergamino.
1 aguja desinfectada por fuego o alcohol.
Una pluma de ave con cañón o cálamo que permita la escritura.
Sal fina.
1 sobre confeccionado por nosotros con papel vegetal.
Lacre rojo.
PREPARACIÓN
Pondremos el pañuelo encima de una mesa o altar improvisado y en la parte posterior del mismo depositaremos el cuenco de cristal repleto de sal gorda. En él derramaremos dos gotas de aceite esencial de manzanilla.
Marcaremos la vela con nuestras iniciales y las de la persona con la que deseamos establecer relaciones armónicas, comenzando a grabarlas desde la base en dirección a la mecha. Unciremos la vela con nuestra saliva o cualquier fluido personal, la insertaremos en el interior del cuenco y ya estará en condiciones de ser encendida de la forma habitual, es decir, con una cerilla de madera.
Pasaremos la aguja por la llama de la vela y nos daremos un pinchazo en la yema del dedo corazón con el fin de que broten unas gotas de sangre. Con dichas gotas, auxiliados de la pluma de ave, escribiremos sobre el papel pergamino de forma entrelazada, es decir, sin espacio entre ellas, nuestras iniciales junto con las de la persona de nuestro interés. Finalmente, derramaremos una gota de cera sobre cada letra trazada.
Introduciremos el pergamino en el interior del sobre previamente confeccionado con el papel vegetal y lo llenaremos con la sal fina. Cerraremos el sobre con cuidado y procederemos a sellar la magia derramando el lacre fundido con la llama de la vela. Las gotas de lacre deben formar un círculo del tamaño de una moneda grande. Esperaremos que el lacre se entibie y lo sellaremos definitivamente con la huella de nuestros dedos pulgares de ambas manos.
Tras el paso anterior, dejaremos que la vela se consuma por completo y envolveremos sus restos con el pañuelo atándolo con dos nudos apretados. El improvisado hatillo deberá descansar en un cajón junto con los objetos personales más queridos o con nuestra ropa íntima.
A modo de colofón de este ritual, señalaremos la conveniencia de que sea realizado en un martes que en el cielo luzca cualquier tipo de Luna, siempre y cuando no sea cuarto menguante. La hora indicada será desde el amanecer hasta las doce del mediodía.
El sobre mágicamente preparado deberemos llevarlo encima durante el día y dejarlo descansar cerca de la cabecera de la cama en el transcurso de la noche.

Volver a Magia con Sal

Artículos relacionados