Protector de accidentes de tráfico

Lavaremos el interior del coche con una mezcla de agua, amoníaco y sal en la siguiente proporción: un litro de agua, una cucharada de amoníaco y 10 gramos de sal gorda.

Una vez purificado el vehículo, esparciremos en cada una de las cuatro esquinas del coche un puñadito de sal, procurando que la misma quede oculta debajo de las alfombrillas.

Dicha protección debemos repetirla rutinariamente una vez al mes y en cada ocasión en que nos veamos obligados a un viaje largo en distancia.

Cabe mencionar que antes de proceder a renovar el ritual deberemos limpiar cuidadosamente el coche de los restos anteriores y, una vez recogidos, tirarlos a un contenedor o alcantarilla lejana del parking o de nuestro domicilio.

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