Introducción a la Magia con sal 1

Una de las antiguas supersticiones que todavía persiste es la de derramar la sal sobre la mesa. La tradición nos previene de que es un acto que puede propiciar la mala suerte y todo tipo de desgracias. Todavía hoy, casi instintivamente, muchas personas toman el salero derramado sobre la mesa y lanzan por encima de su hombro izquierdo unos puñados de sal a modo de contrahechizo, al tiempo que pronuncian un «por si acaso».
Si recogemos de nuevo la tradición supersticiosa del derrame de la sal, vemos que el hecho de interpretarlo como mal augurio tiene más consistencia de lo que puede parecer a simple vista. La superficie de la mesa cubierta con los alimentos representaba el potencial, la subsistencia y los dones. Derramar la sal sobre dicho mueble era tanto como llamar a la desgracia. Recordemos que los romanos, tras la conquista de Cartago (Túnez), sembraron de sal todos los campos para impedir así las cosechas y, por tanto, la recogida de alimentos.
Otro aspecto curioso dentro de esta tradición nos indica que derramar la sal puede alejar de nosotros la fortuna, por eso quien la desperdicia pierde el dinero o los bienes. El contrahechizo para tan antigua superstición, tal y como hemos comentado anteriormente, era lanzar por encima del hombro izquierdo un puñado de sal. Con dicha acción se perseguían dos objetivos: por una parte minimizar los efectos del accidente inicial y demostrar a los presentes que no importaba desperdiciar un poco de sal, siendo una alegoría del poder adquisitivo del anfitrión. Por otra parte se buscaba convencer a los espíritus malignos de que no se acercasen a la mesa en busca de sal, pues al parecer dicho elemento les subyuga y excita sobremanera, ya que con su acción podían contaminar sus elementos. De esta forma se les ofrecía un poco de sal lanzándola por encima del hombro y sin mirar hacia atrás, para, según la tradición, no ver el infecto rostro de los demonios y entidades extrañas que irían a recogerla.
Ejemplos como los anteriores, en los que profundizaremos a lo largo de los capítulos de este libro, son tan sólo un mero punto de partida para acercarnos poco a poco al maravilloso elemento que es la sal, de cuyas propiedades podemos beneficiarnos.
Ahora bien, no debemos llevarnos a engaño: la sal por sí misma no es un elemento mágico. Es preciso insuflarle el poder, ya sea mediante el soplo, a través del tacto, saboreándola o quizá simplemente mirándola con atención. Y para todo ello es precisa la práctica y una actitud capaz de canalizar las intenciones. Es necesaria la fe, y con ella la fuerza de voluntad. Seguramente la sal del famoso Merlín había sido recogida por él en una ceremonia, conjurada a los cuatro elementos y rodeada de toda su energía mágica antes de ser empleada como elemento de poder.

La sal nos permitirá crear y fabricar amuletos o talismanes, círculos encantados o protectores, bolsas ritualizadas, conjuros, hechizos y casi todo tipo de sortilegios. Ciertamente su poder parece no tener límite cuando, además, se combina con otros elementos, pero será el operador quien finalmente haga de ella una sustancia especial. Por ello hemos considerado oportuno iniciar la parte práctica de este libro con unos sencillos apuntes destinados a que el lector menos avezado aprenda a visualizar, con el poder que se requiere, todos sus deseos. De la misma forma, detallaremos algunas claves y pautas a seguir para concentrarnos, pronunciar invocaciones y proyectar a través de nuestro cuerpo la fuerza psíquica necesaria para que el ritual o la práctica mágica emprendida tenga el efecto necesario.
Otro aspecto a destacar es que, si bien en muchos ejercicios la sal será la única protagonista, en otros muchos será un elemento más dentro del ritual. Esto nos permitirá conocer también el poder esotérico de otros ingredientes que a veces son imprescindibles en una práctica de magia. Estamos hablando de determinadas hierbas, perfumes y esencias u objetos como piedras, velas, espejos, etc.
Quizá en nuestro camino hemos dejado atrás una parte de la memoria, pero la magia de la sal todavía está en el ambiente. Recuperarla sólo requiere un poco de paciencia, una pizca de esfuerzo y muchas ganas de lograr permutaciones, conceptos en los que se asienta la auténtica magia.

Volver a Magia con Sal