Herradura de sal protectora de los niños

Sin lugar a dudas, la herradura es uno de los elementos de culto mágico más antiguos, y aunque hay mucho mito sobre quién descubrió su poder, lo cierto es que quizá sean los gitanos quienes primero comenzaron a usarlas.
Se dice que la herradura tiene la facultad de dar la suerte y toda clase de beneficios a quien la posee. Sus aplicaciones mágicas son amplias y pueden ir desde la protección del entorno o la casa y el lugar en el que trabajamos, hasta las relaciones de pareja o los hijos. En este caso nos centraremos en trabajar con una herradura que sirva como protectora de los niños, las almas más inocentes de la casa, y por extensión aquellas que más pueden ser perjudicadas por las vibraciones esotéricas nefastas.
Perro antes de proceder con el ritual, debemos saber que todo el mundo debería disponer de una herradura en su casa. Según afirma la tradición, quien se encuentre con una herradura en su camino, ha recibido una bendición de los dioses. La persona afortunada, sin pensárselo dos veces, deberá sostenerla entre las dos manos y pedir un deseo en voz alta para seguidamente lanzarla, con la mano derecha, hacia atrás de manera que pase justo por encima del hombro izquierdo. Cuenta la leyenda que quien proceda de esta forma logrará ver cumplido su deseo.
En la actualidad resulta bastante difícil conseguir encontrarse una herradura perdida en un camino y mucho menos en las grandes ciudades. Por tanto, tenemos dos opciones: o nos acercamos a una cuadra o recurrimos a una tienda especializada donde encontraremos herraduras que ya están mínimamente preparadas para ser trabajadas en el ritual.
La ventaja de las herraduras es su multiplicidad de usos. Tras la puerta de entrada de la casa nos ayudará a proteger el hogar. Bajo la cama, rodeada de un círculo de sal, favorecerá el descanso. Junto a un plato de sal en el que habremos puesto nuestra fotografía, evitará negatividades, etc.
En el ritual que veremos a continuación vamos a consagrar nuestra herradura para potenciar la armonía y la paz protectora en los niños. El ceremonial es muy sencillo pero sumamente efectivo si, además, se realiza en noche de luna llena.
INGREDIENTES
Un tapete de tela roja.
5 Velas de los siguientes colores:
verde, naranja, roja, azul y amarilla. Un puñado de sal marina gorda.
Un par de bayas.
Una herradura, preferentemente usada.
Fotografía de los miembros de la familia.
PREPARACIÓN
Comenzaremos a trabajar colocando el tapete de color rojo sobre la mesa de trabajo. Acto seguido dibujaremos un triángulo que estará formado de sal. Este elemento geométrico deberá tener la cúspide orientada al norte. Debe ser un triángulo un poco grande para que contenga en el interior la herradura, las fotos y dos velas.
Con armonía, cariño y proyectando amor, colocaremos en cada uno de los vértices del triángulo una vela. En el inferior izquierdo la naranja, en el derecho la amarilla y en el superior la verde. Las otras dos velas deben situarse juntas en el interior del triángulo de sal. Encenderemos las velas manteniendo el orden en que han sido dispuestas.
Tomaremos la fotografía familiar o cartulina en la que hemos escrito los nombres de los habitantes de la casa si es que no disponemos de una fotografía y la pasaremos por encima de cada una de las velas. Después la situaremos en el interior del triángulo, pidiendo armonía y protección para los niños.
Colocaremos sobre la fotografía o cartulina la herradura cuyas puntas deben orientarse hacia arriba. Dejaremos que las velas se consuman por completo mientras volvemos a concentrarnos en la obtención de armonía y la protección. Después enterraremos el conjunto en una maceta.

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