Aprendiendo a visualizar

Algunas personas niegan la evidencia de la capacidad de visualizar. Aseguran que, en cuanto se ponen a ello, la mente les bombardea con todo tipo de imágenes menos la que desean de verdad. Ciertamente es muy fácil caer en este error. Todo se debe a la falta de preparación, la carencia de programación y de objetivos reales. Visualizar no es improvisar.
Antes de imaginar, debemos tener un objetivo real. En este caso, dado que emplearemos la visualización para los rituales, ya conoceremos cuál es el motivo real. Pero vayamos antes con unas prácticas previas.
Supongamos que nos atrae una persona y deseamos estrechar la relación con ella. Ya tenemos el objetivo: la persona. Tomaremos nota de ello y escribiremos su nombre en un papel. Si podemos, añadiremos junto al nombre la fotografía de quien nos atrae o en su defecto algo que nos la recuerde.
El segundo paso es lo más parecido a un guión cinematográfico. Dicho de otro modo, debemos crear sobre el papel las pantallas de imagen que luego reproduciremos en la mente. Con tres pantallas diferentes bastarán. Acto seguido debemos programarnos para «proyectar» nuestra película mental. Escogeremos un momento adecuado del día, una hora en la que podamos mantener cierta concentración y tranquilidad.
Decíamos que debemos programar hasta tres imágenes para el proceso visualizador. La primera de ellas es aquella que no nos hace sentir bien, esto es la situación con la que estamos disconformes. En el caso que referíamos, podemos imaginar que estamos junto a la persona que nos atrae pero ninguno de los dos se mira o habla.
La segunda imagen a visualizar será aquella que haga referencia al proceso ideal para que las cosas cambien. Por ejemplo, podríamos vernos junto a la mencionada persona pero hablando amigablemente.
Finalmente, la tercera imagen estará relacionada con el resultado final, con lo que pretendemos que ocurra. Un ejemplo sería que la otra persona nos coge la mano e incluso nos besa.
Estas tres imágenes son las que debemos repetir en la mente durante todas las sesiones de visualización. Pero para que estén en la mente de forma adecuada, primero nos habremos entrenado con ellas y habremos recreado lo más detalladamente posible la secuencia.
Si ya tenemos el objetivo y la secuencia bien definida, sólo queda pasar a la acción. Comenzaremos por sentarnos o tumbarnos cómodamente, recurriendo a la música si así lo consideramos oportuno para alcanzar un mayor grado de relax.
En un primer estadio, no debemos preocuparnos por lo que nos ha llevado a realizar el trabajo, debemos dejar que la mente se entretenga y disperse tanto como quiera. Pensemos que cuanto más intentemos reprimir el pensamiento, menos concentrados estaremos. Por tanto, los primeros cinco minutos nos dedicaremos a «perdernos en divagaciones». Pasado este tiempo, centraremos toda la atención en el entrecejo, lugar donde realizaremos nuestras proyecciones.
Comenzaremos visualizando un punto de luz (de un color que nos resulte agradable), dejaremos que crezca en el interior de la mente y cuando haya ocupado toda nuestra pantalla mental, procederemos a recrear las imágenes que tenemos programadas.
Cuando hayamos visualizado todas las imágenes al menos un par de minutos, daremos por concluida la sesión hasta el día siguiente.
Aunque los datos referidos pueden ser de gran ayuda para empezar a visualizar, lo mejor siempre es tomárselo con calma. Realizar algunas prácticas previas nos vendrá muy bien. Por ejemplo, unos días antes de realizar la visualización propuesta, podemos pensar en aquello que deseamos lograr, de esta forma estaremos creando un esquema mental óptimo para el experimento definitivo.
Si lo que tenemos son problemas de concentración, podemos practicar el centrado de la atención fijando la mirada en figuras geométricas, repasando sus contornos y cerrando los ojos para recordarlas tras observarlas un tiempo prudencial. Una vez las recordemos perfectamente, podemos jugar con las imágenes en la mente.
Debemos de saber que las limitaciones a la visualización las ponen los usuarios. Todo puede imaginarse, no hay límites, aunque debemos ser moderados en las prácticas y no permitir que nos obsesionen.

Volver a Magia con Sal

Artículos relacionados