Amuleto teutón contra el mal de ojo

Los mitos mágicos están intrínsecamente ligados a la cultura teutónica, que dio origen a lo que hoy denominamos Alemania. Los teutones, cuyo origen es desconocido, surgieron hacia el siglo II a.C. en lo que actualmente es Jutlandia y que los romanos conocían como península címbrica.
Hacia el año 120 antes de nuestra era, los teutones emigraron hacia el sur junto a los cimbrios, que fueron los primeros en invadir los territorios romanos. Pero con el tiempo los teutones se separaron de los cimbrios dirigiéndose a las Galias, y por tanto debemos verlos como una parte de la cultura celta que seguramente estuvo influenciada por su magia, su culto y, cómo no, por el uso de la sal de las ya mencionadas minas de Hallstatt.
Lo que hoy denominamos mal de ojo o «aojamiento», seguramente recibió el nombre de maldad o mala suerte en la época de los teutones. Pero no por ello dejaba de existir, dado que parece algo inherente a todas las culturas. La mayoría de ellas creen que a través de la mirada, o en este caso de una mala mirada, es factible provocar el mal.
En la Biblia, concretamente en el Nuevo Testamento, hay ciertas menciones a este tipo de mal que seguro sirvieron de inspiradísima fuente para los torturadores e inquisidores del medioevo. En el evangelio según San Mateo (6,22-23), podemos leer: «La lámpara del cuerpo es el ojo, así que, si tu ojo fuere sincero, todo tu cuerpo será luminoso: mas si tu ojo fuere malo, todo tu cuerpo será tenebroso».
Un amuleto es un objeto empleado con fines mágicos. Quizá los más populares han sido las piedras, cristales o restos de animal. Merece la pena destacar también la existencia de amuletos judíos que eran tiras de pergamino en las que había escritos pasajes de la ley. Estos objetos se usaban en la escuela farisaica como protectores contra los malos espíritus.
También los cristianos de la antigüedad emplearos los amuletos, tanto que, en el siglo VIII, concretamente en el año 721, fue condenado su uso por la iglesia por la creencia de que para su confección era precisa la utilización de conjuros. Al no ser éstos una oración en honor de los santos, sino evocación de otras fuerzas, se consideraba herejía.
Realizar el amuleto teutónico de sal contra el mal de ojo nos va a resultar muy fácil, siendo sumamente efectivo siempre y cuando lo llevemos encima.
INGREDIENTES
Sal común.
Fotografía de un ojo personal.
Bolsita de tela blanca.
PREPARACIÓN
Dado que la pureza siempre pasa por uno mismo y que la mejor virtud es aquella que emana de nuestros ojos, nada mejor que recurrir a ellos para confeccionar un amuleto personalizado en contra del mal de ojo. Claro que también, si disponemos de la imagen de una persona de suma confianza o el retrato de alguna entidad que nos trasmita pureza, será más que suficiente.
Los teutones no tenían cámaras fotográficas y recurrían a ojos de verdad, generalmente de algún animal que consideraban sagrado o incluso de alguna persona, habitualmente de las que habían vencido en lo que ellos consideraban que era un noble combate. También coleccionaban cabezas que colgaban como amuleto de las bridas de sus caballos, pero esa es otra historia.
Comenzaremos el ritual cuando la fase de la luna esté llena. No en vano la luna, como elemento protector, se convierte en el ojo de la noche. Introduciremos en la bolsa de tela blanca la sal, llenándola por completo. Acto seguido, y de forma que quede centrada, introduciremos la fotografía. Nos concentraremos y visualizaremos un ojo (el de la imagen escogida servirá) y lo rodearemos de un campo energético de color azul claro como símbolo de la pureza y la protección psíquica. A continuación, cuando seamos capaces de visualizar la imagen correctamente, cogeremos la bolsita entre las manos para cargarla magnéticamente con la intención de protegernos contra el mal de ojo.
Realizado el paso anterior, procederemos a depositar la bolsita en el exterior de la vivienda sobre un lecho de sal, de manera que permanezca irradiada por la luz de la luna llena. A partir del día siguiente ya podremos utilizar el amuleto, siendo recomendable que lo llevemos siempre encima, ya sea en un bolso de mano o incluso en un bolsillo.

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