Un poco de historia

Innumerables civilizaciones han sido adoradoras de la ruda. Los romanos, por ejemplo, eran fieles cultores de esta hierba.

Era común que los jueces llevaran consigo algunas hojitas cuando debían estar en contacto con algún prisionero, pues existia la creencia de que la ruda los preservaba de las contaminaciones y del mal de ojo.

Los chinos también le adjudicaron características benéficas. La usaban para contrarrestar las fiebres palúdicas y los maios pensamientos.

Para los magos celtas la ruda era una verdadera defensa contra hechizos y trabajos maléficos. Solían usaria para las bendiciones y la sanación de los enfermos.

Y ese mismo carácter sagrado tuvo para egipcios, hebreos y caldeos, quienes afirmaban que la planta de ruda era un don de los dioses.

En América, los indígenas agregaban esta hierba en sus gualichos de amor. Aseguraban, además, a las enamoradas, que con apenas exponer unas pocas ramas a la luz de la Luna y después entregárselas a sus amados, consegurían conquistar el corazón del ser querido.

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