Salomón, rey y mago (1)

La antigua teoría egipcia del Más Grande Nombre de Dios —una Palabra de Poder—, tan potente que no puede pronunciarse ni siquiera pensarse, se encuentra en la magia salomónica. De hecho, algunos autores pretenden que gran parte de los poderes del rey se derivaban de un anillo inscrito con el Más Grande Nombre. Tanto los escritores árabes como los judíos coinciden en esto, y los primeros añaden que el anillo estaba hecho de una mezcla de bronce y hierro.
El Testamento de Salomón, atribuido a él, aunque es imposible probar quien fue su autor, dice que acudió al ángel Miguel para que le ayudase a vencer a los demonios. El ángel le regaló un anillo mágico, que tenía grabado un sello. Armado así, podía conjurar a todos los malos espíritus y obtener de ellos valiosa información. Conseguía esto «obligando» al demonio con hechizos mágicos y forzándole a llamar a otro, quien a su vez traía a un tercero… y así hasta que estaba presente toda la muchedumbre infernal. Entonces Salomón preguntaba a cada demonio por separado cual era su nombre, signo, y el nombre por el que había de ser llamado. Esta información forma el núcleo de la Llave de Salomón, a él atribuido; una obra aparecida en muchas lenguas a través de los siglos. Es tal vez el grimorio más conocido.
Esta Llave se titula en hebreo Mafteah Shelomoh, mientras las versiones latinas adoptan generalmente el título de Claviculae Salomonis. La obra se divide en dos partes y abarca la invocación, la encantación y la elaboración y uso de diversas clases de pentáculos.
Una obra árabe de magia, llamada Kitab al-‘Uhud, es probablemente la misma que el Libro de Asmodeus, y se menciona en la cabalística judía Zohar diciendo que fue regalada al rey Salomón por el espíritu Asmodeos, y que contenía formulas para la subordinación de los demonios. Es un complemento de la Llave de Salomón, y ha tenido una influencia considerable sobre los tratados mágicos del Oriente Medio.
Gran cantidad de escritos atribuidos a Salomón se han conservado o son mencionados en otros trabajos de magia. Entre ellos es importante La Obra Divina, dictada, al parecer, por los ángeles, un libro de alquimia y medicina que influenció grandemente los estudios árabes de la Hermética. Otros tratados, que se han perdido, versaban sobre temas más filosóficos. Otro, cuyo título Almadel fue usado en varios libros mágicos, es el hebreo Sefer ha-Almadil, sobre el círculo mágico, esa figura indispensable dentro de la cual deben refugiarse todos los magos contra la malicia de los espíritus. La elaboración del círculo, su localización y los signos que deben escribirse dentro de sus anillos concéntricos, forman una parte importante de la magia salomónica, como también de la mayoría de ritos de brujería del mundo. Se cree que el nombre del libro puede derivarse del árabe Al Mandal (El círculo). Es interesante observar que algunos de los signos usados en la magia salomónica —ya sean círculos o sellos— tienen un parecido más que superficial con signos similares empleados en la magia y la astrología chinas. Uno de los ejemplos más espectaculares de esta similitud lo constituye el simbolismo usado para marcar constelaciones y estrellas tanto en el sistema judío como chino. No tengo noticia de que este hecho haya sido observado o puesto de manifiesto antes de ahora.

 

Hechizos y brujerías

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