¿Qué es un lunar?

El lunar es un nevo, voz que procede de naevus, término latino cuyo origen sigue sin conocerse y que significa «mancha en el cuerpo, verruga». Se utilizaba tanto para designar las pecas como los lunares. Algunos nevos son consecuencia de una malformación en la piel de origen embrionario. Se distinguen los nevos pigmentarios, que aparecen en forma de pecas, y los nevos con relieve llamados lunares.
Distinguimos igualmente los nevos vasculares, considerados a menudo como tumores cutáneos benignos, de aspecto más o menos brillante, marrones o rojos, llamados angiomas.
Otros son nevos muertos o simples, debidos a la pigmentación de la piel, secos y de color más pálido, que se confunden a menudo con la epidermis. Éstos son los primeros que tendrá en cuenta la metoposcopia. Si, a partir de este fenómeno corporal natural, los hombres de la Antigüedad crearon un modo de adivinación era porque vieron una relación entre el cielo y el hombre, el universo y el cuerpo, las estrellas y los lunares.
La palabra lunar es un derivado de «luna», y ya era utilizada en castellano con anterioridad al s. XIV. Por comparación con la luna llena, pasó a designar ciertas manchas de la piel más o menos redondas. También en aquel tiempo, algunos astrólogos suponían que los lunares eran debidos al influjo de la luna sobre el niño en el vientre materno.
El lunar designa un atractivo que concede encanto y seducción y, a la vez, es una fuerza mágica que corresponde a un elemento de la personalidad, de donde podemos obtener un significado a partir de su emplazamiento. En base a este principio se creó la metoposcopia.

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