Leo ¿el más arrogante del zodíaco?

signo leo

Madonna es Leo

A semejanza de lo que sucede con los ídolos, no encontramos términos medios en las leyendas que se tejen en torno a los Leo: amados u odiados, admirados hasta la devoción o cruelmente despreciados.
Acerqúese a la intimidad del alma de Leo y conozca la razón que se oculta tras estos extremos.
Leo es uno de los signos peor comprendidos del Zodíaco. Para tener una opinión acerca de Leo no hace falta saber astrología, ni siquiera ser un asiduo lector de los horóscopos de los diarios. Cuando alguien confiesa ser de Leo, la reacción más típica en sus circunstanciales compañeros es un gesto que podría describirse como: sonreír a medias, con las cejas elevadas, pronunciando un enigmático: ¡ah!

Efecto Leo: no a la indiferencia

¿Qué mensaje encierra esta reacción (que parecería querer decir: te conozco muy bien, te crees muy importante y en el fondo no eres más que un engreído) tan común en la gente que se entera que está al lado de un Leo? Incluso cuando quien haga el gesto no sea conciente de lo que expresa, puede llegar a revelar una secreta e involuntaria admiración por este signo.
Secreta admiración o envidia inconfesada: nadie permanece indiferente frente al nativo de Leo. Quizás, en el fondo, lo que inspire esta clase de sentimientos sea el anhelo de popularidad y reconocimiento que todos -sin excepción- tenemos.

El famoso del Zodíaco

El leonino tiene una facilidad natural para ser el centro de atención y para obtener un caluroso aplauso allí donde otros -con el mismo esfuerzo-solo conseguirían un tibio asentimiento.
Basta repasar la galería de famosos de este signo que son un ejemplo de la idolatría que despierta Leo en los demás: Marilyn Monroe, John Wayne, Ava Gardner, Dustin Hoffman, Mick Jagger, Madonna… para nombrar sólo a algunos nativos del signo que se han destacado en el espectáculo. Todos sabemos que de los «ídolos» se dicen siempre las mejores y, también, las peores cosas, ya que ellos se encuentran expuestos a la opinión de los demás y se expresan ante el mundo desde una vidriera, por lo tanto, en respuesta a su estímulo, lo mismo pueden recibir rosas como tomatazos.

Un signo de actores y reyes

En la actuación -profesión típica de los leoninos-, el actor necesita a su público como al aire que respira. Y el público necesita del actor: ya que en él se ve reflejado, a través de él, se expresa. La función ritual del teatro consiste en liberar la tensión emocional generada por la certeza de la muerte, y en festejar el júbilo déla perdurabilidad de la vida misma, que trasciende la muerte individual.
Entendiendo el mecanismo de la actuación, nos vamos acercando al sentido más profundo de la energía leonina, ya que la tarea específica del signo de Leo es mantener encendida la llama de la dignidad humana. Como todo signo de Fuego, vive en un mundo de fuerzas espirituales. Leo mantiene un interés constante por alimentar la llama interior, es decir, por experimentar la unión con lo divino.
El rey es, en esencia, una figura leonina. Pero, ¿cuál es su función? A los reyes les ha tocado ser, según la Historia, los intermediarios entre Dios y los hombres, o si se lo quiere ver de otro modo, un centro en torno al cual gira la vida de todos los súbditos.
Si pensamos en la época de máximo esplendor de la monarquía, tenemos un ejemplo, casi mítico de rey, en el famoso Luis XIV, popularmente conocido como el Rey Sol. Y es que el Sol, como no podía ser de otra manera, es el regente de este signo. La misión de Leo no es fácil, ya que debe soportar un halo de grandiosidad imponente.

El «leonino déspota»

El leonino que hostiga a los demás es quizás el causante de la mala fama del signo. Este personaje ha olvidado su verdadera función, por lo que, en lugar de practicar su sentido innato de dignidad, transmitiendo su «fuego interior» a los demás hombres, lo usa en forma egoísta, para su engrandecimiento personal.
Pero, este camino no lleva a un final feliz, porque -en ese caso- Leo habrá olvidado lo más importante: la profunda necesidad que tiene de los otros, para poder manifestar su propio brillo. Tal olvido lo conducirá a la más terrible soledad, ya que Leo no se siente seguro de sí cuando no lo rodean otros que le manifiesten su amor y reconocimiento. El Leo déspota, como cualquier tirano, puede brillar durante un tiempo, pero a la larga lo espera siempre la más cruel soledad.
Esta clase de leonino existe, no cabe duda, pero no es él quien expresa positivamente la esencia leonina. De ahí, puede deducirse que quienes sonrían maliciosamente al enterarse de que están en presencia de un leonino, sólo conocen a estos exponentes del signo.
Pero, desde luego, son un mejor ejemplo de la energía leonina, los grandes actores de todos los tiempos y de todas las culturas, así como los reyes justos, queridos por su pueblo.

Corazón de León

A la pregunta, ¿cuál es la tarea que un leonino debe cumplir?, podríamos responder cuestionándonos: ¿cuál es la función del Sol en el Sistema Solar?
Como sabemos, el Sol es el centro del sistema, en torno a él giran los demás planetas. El Sol ilumina y da calor. Sin tan gigantesca e incansable fuente de energía, ninguna forma de vida sería posible en la Tierra. Por ende, el Sol representa la generosidad infinita y una capacidad organizadora de dimensiones extraordinarias.
Llevado a la escala humana, el Sol -y por ende, cada leonino- está representado por el órgano central del cuerpo humano: el corazón. El corazón es el centro de la vida en nuestro cuerpo. De él fluyen a todos los órganos las oleadas de sangre. Mientras el corazón late, vive el cuerpo humano. La detención definitiva del corazón significa la muerte física del cuerpo. Tal es así que, desde siempre, y en todas las tradiciones, se ha «sentido» que el corazón es el verdadero lugar de donde brota la voluntad de vivir, y de donde emergen todos los afectos. No es casual que comúnmente se use la expresión: «hacer las cosas con corazón», como metáfora de un hacer profundamente comprometido con la vida misma. Así como en el mundo del teatro se habla de «dejar el corazón en el escenario».
Imaginemos a cada leonino como el corazón del grupo al que pertenece. Mientras palpite un corazón generoso entre nosotros, mientras un leonino nos conecte con la calidez que hay en nuestro propio corazón; podremos mantener encendida la llama de la fuerza vital y acercarnos al principio sagrado que habita en cada uno de nosotros.

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