¿Qué es el incienso?

La palabra incienso viene del latín y quiere decir, simplemente, encender. Resulta bastante claro, por tanto, su uso, si bien es cierto que para remitirnos a su origen tendríamos que desvelar la noche de los tiempos.

El incienso no es otra cosa que la gomorresina extraída de las cortezas de varios tipos de árbol de la familia de las burseráceas (con bolsas cerosas o resinosas) como el geranio de árbol, presentes principalmente en India y África. Los aceites y resinas de estas plantas se han utilizado desde tiempos inmemoriales para aromatizar el ambiente y para ungir los cuerpos y otros objetos de uso ornamental.

Pero no todo se redujo a aromatizar el ambiente de las cuevas y las chozas, porque ya desde sus inicios el incienso fue relacionado con el acto de limpiar y de sanar.

Hoy en día, cuando el uso de la ducha y la bañera se ha extendido por todo el mundo y ha llegado hasta las clases más populares, el sentido de limpieza nos parece común y corriente. Limpiarse y limpiar es un acto cotidiano, pero no deja de tener un componente mágico y a veces hasta obsesivo en ciertos casos y personas.

Si tomamos en cuenta que el olfato fue en un tiempo nuestro principal motor de movimiento, nuestro principal orientador y el preservador de nuestras vidas, no es de extrañar que los olores hayan sido parte fundamental de nuestras creencias mágicas y religiosas a través de los siglos, y tampoco es de extrañar que se prefirieran principalmente los aromas fuertes, agradables y refrescantes, es decir, los que dieran sensación de limpieza.

La limpieza en la Antigüedad brillaba por su ausencia, y a menudo un buen baño o una unción de aceites olorosos bastaba para alejar los malos humores, las enfermedades y hasta la mala suerte.

La superstición, que no es otra cosa que el ingenio puesto al servicio de la supervivencia, no tardó en relacionar a los buenos aromas con el bienestar general, y a los malos olores con los malos augurios.

Hoy en día muchos de los trabajos de magia y brujería no son otra cosa que actos de limpieza, de

depuración. Incluso la medicina oficial se basa en gran medida en la limpieza (alcohol, mercurio, yoduro, etc.), y la psicología y la psiquiatría no son otra cosa que un acto de limpieza y depuración mental.

El pecado clásico no es otra cosa que una mancha, algo que marca y ensucia al hombre, y por eso las homilías religiosas van destinadas a limpiar de pecados a los hombres.

Sí, limpiar cuerpo y alma ha sido uno de los puntales básicos del desarrollo y de la evolución de la raza humana, y el incienso, como resina vegetal que necesita del fuego para liberar el aroma de sus esencias, ha conformado parte de este desarrollo.