El Dragón y los Cinco Elementos

DRAGÓN DE METAL

(nacidos en 1880, 1940 y 2000):
Un Dragón de hierro. Tiene una voluntad férrea y es extremadamente persistente en sus propósitos. No hay nada que le pueda persuadir de sus ideas díscolas y violentas. Fanático, concienzudo, tenaz, obsesionado, audaz, se atreve a pisar terrenos que nadie ha transitado y hacer cosas que nadie se ha imaginado. La dureza del Metal duplica la soberbia del Dragón y lo impulsa a imponer su fuerza y su voluntad. No es flexible ni versátil, acepta mal los consejos, lo mueven impulsos ciegos e irracionales. Puede ser un valeroso luchador, sobre todo cuando intuye la justicia, pero no llegará a ser nunca un estratega ni puede ser un diplomático. Su extraordinaria franqueza le permite tener un buen número de amigos, a quienes no siempre sabe tratar. Muchos le vuelven la espalda por discrepancia e inconformidad. Sólo le siguen los más devotos y fanáticos.

DRAGÓN DE AGUA

(nacidos en 1892, 1952 y 2012):
Un Dragón compasivo. La misericordia es el rasgo fundamental de su personalidad. Humano, moral, accesible, generoso, tierno, comunicativo y abierto, el Dragón de Agua es el menos soberbio y rebelde de su género. Las peripecias de su vida le han creado una actitud conformista a los cambios. Aunque éstos no siempre le agradan, se adapta rápidamente con un espíritu estoico. Atento a los consejos, se deja persuadir cuando se da cuenta de que no lleva la razón. De lo contrario se obsesionará por conseguir algo que tiene metido en la cabeza y no hay quien se lo quite. Su obstinación es excepcionalmente fuerte cuando se trata de una convicción. Es muy sensible, sufre frecuentes depresiones, de las que se recupera con cierta facilidad.

DRAGÓN DE MADERA

(nacidos en 1904, 1964 y 2024):
Un Dragón benéfico. No hay ningún otro Dragón más concesivo, colaborador y humano que éste. A pesar de su mal genio y el espíritu rebelde, mantiene una elevadísima cuota de moralidad. Es directo y despiadado de palabra, pero tiene un corazón bondadoso. La idiosincrasia racionalista de la Madera le frena eficientemente los impulsos y la arbitrariedad. Nunca es tímido, no le tiemblan las manos ni en los asuntos más delicados, pero tiene la suficiente inteligencia para hacer pactos y concesiones. Generoso, no guarda rencor ni piensa en la represalia. Es vital, eficiente, conquistador, moderno, susceptible a cambios, pero impaciente, y deja muchas cosas a medias. Su vida está llena de contradicciones, de las cuales intenta encontrar inútilmente una solución totalizadora.

DRAGÓN DE FUEGO

(nacidos en 1916, 1976 y 2036):
Un Dragón ardiente. El fuego alimenta su impetuosidad, su pasión y su agresividad. Es una viva manifestación de la rebeldía y la fuerza destructora. Sus vigorosos impulsos fomentan su arbitrariedad y lo lanzan a las proezas más inverosímiles. Ambicioso, carismático, trabajador, brillante, este Dragón tiene la capacidad de dirigir una causa trascendental, pero tiene que controlar su mal genio y su prepotencia. Su hiriente franqueza despoja todos los tapujos de la hipocresía, diciendo las cosas tal como son. Con eso se ha ganado muchos enemigos que lo odian y lo temen a la vez. De la misma manera, tiene un buen séquito de admiradores que lo siguen casi ciegamente. No se conforma con una vida gris, porque está convencido de que nace para cambiar el mundo.

DRAGÓN DE TIERRA

(nacidos en 1868, 1928 y 1988):
Un Dragón responsable. Caracterizado por un extraordinario sentido realista, este Dragón afirma los pies en la tierra. No le gusta desplegar su imaginación en hazañas quiméricas ó provocar desorden con el fanatismo irracional. Es metódico, concienzudo y perspicaz, cualidades que le hacen propicio para administrar la contabilidad, o tomar las riendas de una empresa. Es conservador, clásico, respetuoso con las reglas del juego. Tiene gran capacidad de trabajo y suficiente talento para hacerlo bien. Honrado y abnegado, puede «dejar el pellejo» si lo tratan con respeto. Pero se torna prepotente y colérico cuando nota en la actuación de los demás desconfianza y juego sucio. Es en este sentido rencoroso y despiadado.

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