Priscilianismo

Un caso similar al de Pelagio fue el de Prisciliano, pero esta vez en la Península Ibérica. Sus doctrinas fueron muy bien recibidas por la capas más desfavorecidas de la población, las clases populares, probablemente porque Prisciliano se mantuvo más tolerante con las viejas ideas religiosas de la población autóctona; el sustrato religioso, de raigambre ancestral, que practicaba aún la gente más humilde.
Sea como fuere, lo cierto es que el priscilianismo caló hondo entre la población. Prisciliano, nombrado obispo de Avila, era recibido por las masas como un santo varón y, cuando al fin fue declarado hereje y ejecutado en el año 385, bajo la acusación de maleficio y hechicería, sus seguidores lo declararon mártir y convirtieron su doctrina en un movimiento social de protesta al clero, en un claro precedente de lo que durante la Edad Media van a ser las comentes heterodoxas dentro de la Iglesia.
Ahora bien, ¿por qué fue declarada herética la doctrina de Prisciliano? Por tres motivos fundamentales: negaba la Santísima Trinidad, atribuía a Jesús una simple realidad humana y denunciaba de viva voz y por escrito las costumbre corruptas del clero. ¡Ya en el siglo IV! Aunque su ejecución no se haría efectiva hasta cuatro años más tarde, la condena de sus ideas se efectuó en el año 381, durante el Concilio de Zaragoza.
Investigaciones recientes, basadas en el descubrimiento de algunos escritos del propio Prisciliano, han revelado que su labor pastoral, aunque con un trasfondo cristiano, estuvo muy vinculada a ideas religiosas celtas, y especialmente a ciertos ritos matriarcales muy anteriores a la implantación del cristianismo en la península, lo que explicaría que su doctrina se extendiera, sobre todo, por zonas rurales que habían sido débilmente romanizadas y, por tanto, débilmente cristianizadas.

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