Miguel Servet

«Y nosotros síndicos, jueces de los casos penales de esta ciudad, habiendo presenciado el procedimiento promovido ante nosotros a instancias de nuestro lugarteniente contra Vos, Miguel Servet de Villanova del país de Aragón en España, y habiendo visto vuestras voluntarias y repetidas confesiones y vuestros libros, consideramos que Vos, Servet, durante mucho tiempo habéis propagado una doctrina falsa y absolutamente hereje, despreciando toda queja y corrección, y que con obstinación malvada y perversa habéis divulgado hasta en libros impresos opiniones contra Dios el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, en una palabra contra los principios fundamentales de la religión cristiana, y que habéis tratado de provocar un cisma y perturbar a la Iglesia de Dios, por lo cual muchas almas pueden haber sido arruinadas y perdidas, actividad horrible, trastocadora, escandalosa y contagiosa. Y no habéis tenido vergüenza ni horror de poneros contra la divina Majestad y la Santa Trinidad, tratando siempre con obstinación de infectar el mundo con vuestro fétido y hereje veneno. Crimen de herejía dañino y execrable, merecedor de un grave castigo. Por estas y otras razones, deseando purgar a la Iglesia de Dios de tales infecciones y eliminar el retoño marchito, después de habernos aconsejado con los ciudadanos y habiendo invocado el nombre de Dios para emitir un justo veredicto (…) teniendo ante nuestros ojos a Dios y a las Sagradas Escrituras, hablando en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, emitimos por escrito la sentencia final y Te condenamos, Miguel Servet, a ser atado y llevado a Champel y ser puesto en la hoguera y quemado junto con vuestros libros hasta que no seáis más que ceniza. Y así se habrá puesto fin a vuestros días y se habrá dado ejemplo a los que pensaran en cometer delitos similares… »
Este largo párrafo pertenece a la sentencia que le fue leída, en la ciudad de Ginebra, en presencia y con el arbitrio de Juan Calvino, el día 27 de octubre de 1553, a Miguel Servet, pensador humanista al que sin duda debemos considerar como el más heterodoxo, atrevido y pertinaz de todos los herejes.
Evidentemente no soy ni el único ni el primero en mantener esta opinión, y como el caso en cuestión merece ser ilustrado en profundidad, me apetece incluir aquí el dictamen que en el siglo XIX nos dio del personaje, desde su ortodoxia inquebrantable, don Marcelino Menéndez y Pelayo en su obra Historia de los Heterodoxos Españoles:
«Entre todos los heresiarcas españoles ninguno vence a Miguel Servet en audacia y originalidad de ideas, en lo ordenado y consecuente del sistema, en el vigor lógico y en la trascendencia ulterior de sus errores. Como carácter, ninguno, si se exceptúa quizá el de Juan de Valdés, atrae tanto la curiosidad, ya que no la simpatía; ninguno es tan rico, variado y espléndido como el del unitario aragonés. Teólogo reformista, predecesor de la moderna exégesis racionalista, filósofo panteísta, médico, descubridor de la circulación de la sangre, geógrafo, editor de Tolomeo, astrólogo perseguido por la Universidad de París, hebraizante y helenista, estudiante vagabundo, controversista incansable, a la vez que soñador místico, la historia de su vida y opiniones excede a la más complicada novela. Añádase a todo esto que su proceso de Ginebra y el asesinato jurídico con que terminó han sido y son el cargo más tremendo contra la Reforma calvinista, y se comprenderá bien por qué abundan tanto las investigaciones y los libros acerca de tan singular personaje. Sin exageración puede decirse que forman una biblioteca».
Sería ridículo, por tanto, pretender que estamos descubriendo mediterráneos remotos al hablar de una figura tan notoriamente conocida. Las citas se imponen antes de iniciar el cuento. Incluiré por ahora, a modo de prólogo, sólo una más. En un interesante ensayo de Natale Benazzi y Matteo D’Amico titulado El libro negro de la Inquisición, de lectura obligada para todo aquel curioso que desee conocer la historia de los más infames procesos inquisitoriales, nos encontramos con esta seductora invitación a pensar:
«Comprender el caso Servet es tan importante como comprender el Santo Oficio romano o los mecanismos de funcionamiento de la Suprema española. El caso es complejo y, en alguno de sus momentos, efectivamente oscuro. ¿Por qué el gran humanista español es perseguido por ambas Iglesias, la católica y la protestante, por otra parte despiadadamente en lucha entre sí?
¿Por qué Ginebra, más bien clemente con las personas indeseables, en este caso se encarniza hasta la hoguera? ¿Cuáles son las verdaderas razones de tanta dureza? ¿Cuál es el papel desempeñado por Calvino en toda la historia? Pero, sobre todo, ¿por qué Servet va a Ginebra, ciudad de la cual más de un elemento hubiera debido mantenerlo alejado?.

Sigue leyendo >>>

Artículos relacionados