Jean Jacques Rosseau (1712-1778)

Nació en Ginebra. Fue uno de los más elocuentes filósofos de la Ilustración, además de un teórico político y social de inmensa pero incalculable influencia posterior. Su obra El Contrato Social está considerada como una de las máximas defensas del sistema democrático como forma de gobierno. Tuvo la osadía de considerar que el hombre es bueno por naturaleza, proposición herética que rasga dos puntos básicos de la doctrina católica: el libre albedrío y el pecado original. Ya en el colmo de la intrepidez, en su obra Emilio, o De la Educación, postuló la necesidad de la expresión sobre la represión para que los niños sean individuos equilibrados y librepensadores. ¿Puede haber mayor atrevimiento? La lectura de sus Memorias, bajo el agustiniano título de Confesiones, nos reafirma en nuestra inicial sospecha: debió de ser un hombre incorregible.

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