Herejías menores: Sodomía

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Un acusado de sodomía está a punto de ser quemado vivo

La sodomía, considerada en la época como pecado nefando, delito contra natura, costumbre perversa y vergüenza moral, fue duramente castigada tanto por la autoridad civil como por la eclesiástica. Con los sodomitas, a quienes hoy llamamos homosexuales o gays, no había clemencia posible, no cabían atenuantes, y su delito, afición o empeño, se purgaba en la hoguera. Sólo en Sevilla, y entre 1578 y 1616 fueron quemados cincuenta y cinco hombres acusados de sodomía.
Eso sí, existió algún que otro indultado. Pero estos son casos de sodomía especiales, que se dieron entre la clerigalla, excepciones resueltas por vía diplomática, tal y como nos cuenta Juan Eslava Galán en su libro Historias de la Inquisición, ensayo recomendable donde los haya. Ocurrió en 1572 y en la ciudad de Valencia, donde fue detenido un fraile franciscano de treinta y cinco años llamado Fray Pedro Pizarra, a quien todos llamaban «la Pizarra» debido a sus maneras afeminadas y al gusto que tenía por imitar ciertas costumbres de las mujeres. Poco es lo que se sabe de este individuo, salvo que debió de ser un hombre incorregible en sus hábitos licenciosos, pues vivió en varias ciudades, entre ellas Málaga, Sevilla, Granada, Roma y Valencia, y en todas ellas supo introducirse en los «ambientes de la mariconería» más selecta, con nido de amor incluido. En Valencia, donde fue detenido y procesado, dicen que celebraba encuentros de homosexuales en su propia celda del monasterio, donde inevitablemente cundió el escándalo. No obstante, la Inquisición no fue tan severa con él como lo fuera con otros homosexuales laicos. El hábito fue su salvoconducto. Lo entregaron a su orden para que fuese discretamente juzgado. Ignoramos cuál fue el castigo, si es que lo hubo.

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