Herejías: glosario

Abjuración: Retractación pública de la herejía. Podía ser deformali, la realizada por cualquier hereje; de vehementi, la del sospechoso de herejía con sospecha grave; y de levi, la de aquel que sufre una sospecha leve. Tras la abjuración, las penas impuestas no solían ser muy rigurosas.

Absolución: Declaración de inocencia. La absolución de un sospechoso de herejía podía ser de varios tipos: total, cuando era declarado inocente de todos los cargos; de la instancia, en caso de que los inquisidores no quedaran convencidos de la inocencia del sospechoso, pero tampoco hubiera pruebas fiables de su culpabilidad, o el fiscal no las hubiera encontrado todavía, por lo que ni indultaban ni forzaban la abjuración del reo, simplemente le daban testimonio de que se le absolvía de la instancia fiscal; ad cautelam, o de censuras, cuando se le absolvía con prevención y sospecha; y la absolución pura, la que se daba al hereje arrepentido.

Amonestaciones: Eran tres las amonestaciones o reprimendas a modo de avisos que los inquisidores hacían al reo durante las primeras audiencias tras la entrada en prisión. El reo sólo era sospechoso, pero la sospecha equivalía a la culpabilidad y, por tanto, se le invitaba a hacer examen de conciencia para que confesara voluntariamente todos los delitos que había cometido contra la Fe, pues para ser juzgado hacía falta disponer de las pruebas del delito. Si confesaba sus crímenes y se arrepentía, habría misericordia para él y su alma; si persistía en el error o el silencio, se procedería conforme a lo dispuesto en la justicia.

Audiencia de cargos: Decreto judicial con el que los inquisidores obligaban al reo a comparecer en la sala de audiencia para satisfacer la multa resultante de su proceso, impuesta por el fiscal.

Auto de Fe: Espectáculo con gran asistencia de público en el que se hacía la lectura de los sumarios de los procesos del Santo Oficio y las sentencias de los Inquisidores, seguidas de la ejecución de los herejes con gran despliegue de medios.

Auto General de Fe: Lo mismo que un auto de Fe, pero a lo grande. No se escatimaba nada. En esta clase de autos el número de reos podía superar el centenar, y había de todo: quemados vivos, quemados en efigie, quemados muertos después de haberle aplicado garrote; quema de huesos de difuntos impenitentes tras ser desenterrados, ahorcamientos, imposiciones del sambenito, absoluciones ad cautelam, etc. Estos autos podían durar más de quince horas, lo que no parecía aburrir al enfervorecido público, quien lo disfrutaba como si de un día festivo en parque temático se tratara.

Auto particular de Fe: Auto de fe con escasos reos. No resultaba tan solemne y espectacular, motivo por el cual no asistían todas las autoridades y corporaciones respetables, sino tan solo el Santo Oficio y el juez ordinario.

Sigue leyendo >>>