Arrianismo

La primera herejía digna de mención fue el arrianismo, que tomó su nombre del sacerdote Arrio (280-336) que desarrolló una intensa actividad proselitista en Egipto. La base de su doctrina era la unidad absoluta de Dios como ser eterno, increado e incomunicable, creador de todo lo visible y lo invisible, incluyendo a Cristo, nacido del Padre, pero de distinta naturaleza que el Padre. Arrio creía que el Hijo de Dios sólo es Dios en la medida en que participa de la Gracia, pero negaba la consustancialidad de ambos.

Muy pronto sus ideas fueron desautorizadas por el obispo de Alejandría, quien lo invitó a retractarse de su error sin conseguirlo. Es decir, que ya Arrio, en los primeros años del siglo IV planteó una disidencia en materia de Fe, por lo que fue amonestado e invitado a renunciar a lo dicho. La persistencia en su postura será lo que se considere herejía. En el año 321 más de cien obispos celebraron en Alejandría un sínodo para convencerlo de su falsedad. Allí se condenó por primera vez su doctrina y, finalmente, fue excomulgado. Cuatro años más tarde, en el Concilio de Nicea, se le declarará herético.

No por eso se acalló el arrianismo. Pervivió como doctrina perseguida por lo que empezaba a ser considerado como ortodoxia cristiana. Entre los años 337 y 361 conoció un leve resurgir de la mano de Eusebio de Nicomedia, el obispo patriarca de Constantinopla, y posteriormente por el obispo de los godos Ulfilas, que lo extendió entre los pueblos germánicos, que comenzaban por aquel entonces a hacerse con el control del Imperio romano. El arrianismo, como una heterodoxa doctrina cristiana, pervivirá entre los vándalos, burgundios y visigodos, quienes lo mantuvieron vivo hasta bien entrado el siglo VIII.

De la mano de los visigodos, oriundos de Escandinavia, entró en Hispania, a través de los Pirineos, en el año 414, y aquí se estableció no sin conflicto, pues para entonces los hispanorromanos habían aceptado ya la ortodoxia católica.
Durante el remado de Leovigildo (573-586) la tensión entre ortodoxos (católicos) y arríanos fue extrema,
hasta que su hijo Hermenegildo abjuró de la herejía en el III Concilio de Toledo (587), agrupando bajo un mismo credo a hispanorromanos y visigodos, con lo que se alcanzó así la siempre deseada cohesión social.

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