Adopcionismo

La última gran herejía de origen cristológico se dio en la Península Ibérica, y duró apenas tres décadas. Como en tantas otras ocasiones, al problema teológico vino a unirse el problema político, resuelto una vez más a favor de quienes propugnan el mantenimiento de un orden social estable en contra del disidente.
Corría el año 785 cuando, en plena dominación árabe, el arzobispo de Toledo, Elipando, se atrevió a formular la tesis de que Jesucristo no era más, pero tampoco menos, que el hijo adoptivo de Dios; es decir, hijo del Padre en su naturaleza divina, pero sólo hijo adoptado en su naturaleza humana.
No tardó en iniciarse la polémica entre las distintas iglesias de la Península. Dos clérigos astures se adelantaron a condenar la tesis de Elipando en un escrito titulado Apologético. Estos dos clérigos eran Beato de Liébana y Eterio de Osma. Comenzaba así una disputa social que tenía como trasfondo la supremacía hispana de la diócesis de Toledo, la de mayor antigüedad junto a la de Santiago de Compostela, frente a la recién inaugurada diócesis asturiana. No obstante, el Papa Adriano I no tardó en condenar las tesis adopcionista, lo que dio pábulo a Beato de Liébana y Eterio de Osma.
Aún así, Elipando contaba con un elemento de cohesión fundamental. Al encontrarse situada su diócesis en un territorio dominado por el Islam, la población mozárabe que seguía su doctrina encontraba en la condena del resto de los cristianos un motivo de unión más que de ruptura, y los postulados de Elipando se fortalecieron entre la minoría cristiana que vivía en tierra de moros.Y en eso hubiera quedado el adopcionismo, en una mera anécdota mozárabe dentro del mundo cristiano, si en el norte peninsular no hubiese aparecido el teólogo Félix de Urgel defendiendo la misma postura que Elipando. Eso sí, la zona de influencia del obispo de Urgel resultaba mucho más conflictiva que la del arzobispo de Toledo.
En el año 790 comenzó Félix de Urgel a predicar la heterodoxa doctrina del adopcionismo, y dos años más tarde fue condenada como herética en el Concilio de Ratisbona. Tal condena sería ratificada en el Concilio de Frankfurt de 794, y nuevamente en el Sínodo de Roma del año 799. En este mismo año, Félix de Urgel fue invitado a Aquisgrán para defender, ante la corte franca, sus controvertidas afirmaciones, y posteriormente a retractarse de ellas. Allí fue depuesto de su obispado en Urgel y desterrado a Lyon, donde falleció en el año 818.
En los escasos treinta años en que estuvo vigente el adopcionismo, tal doctrina fue una corriente herética que rasgaba el dogma ortodoxo de la Iglesia de Roma, y por tanto había que erradicarlo por una cuestión de fe. Pero aún más; la predicación de Félix de Urgel en el norte de la Península y sur de Francia introducía una herejía en el mismísimo Imperio Carolingio, lo que constituía todo un peligro para la hegemonía europea que disfrutaba Carlomagno, pues uno de los pilares básicos para el mantenimiento de su imperio era precisamente la unidad religiosa.

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