El coche se ha convertido en un símbolo social y una proyección de la imagen de su propietario. También es un elemento de transporte y un componente de aproximación de culturas. Si bien no todos, por aspectos económicos, podemos poseer el coche de nuestros sueños, siempre hay un vehículo que se amolda más a nuestra personalidad. Por otra parte el color que elegimos es característico de ciertos aspectos de nuestro yo oculto. Y la forma de nuestra conducción revelará muchos otros aspectos de nosotros mismos. El coche se convierte en un mensajero oculto de nosotros y, a veces, de nuestro destino. La matrícula y su interpretación numérica comporta uno de los mayores secretos.

De la misma manera que procedemos a ritualizar nuestra nueva casa cuando la compramos, ¿por qué no debemos hacer lo mismo con nuestro coche?, especialmente considerando que vamos a permanecer muchas horas en su interior, que vamos a conocer nuevos lugares a través de los desplazamientos que hagamos, y que ciertos riesgos pueden acecharnos en las carreteras. Por tanto núestro coche requiere los mismo cuidados mágicos que damos a nuestro hogar, las mismas limpiezas mágicas que practicamos cuando alguien ha dejado en nuestra casa energías negativas, y los mismos rituales que hacemos cuando queremos tener una velada llena de armonía.

De la misma manera que ahuyentamos los malos presagios y negatividades de nuestro hogar, podemos ahuyentar las multas y positivizar la búsqueda de aparcamientos. De la misma forma que colocamos una herradura en la puerta de nuestra casa o talismanes en determinados lugares, también podemos hacer parecidas operaciones con nuestro coche.
Finalmente hay otros aspectos que serán predominantes en la conducción y el comportamiento vial, tales como los signos del zodíaco, que marcarán una personalidad determinada para cada conductor. También el rostro de cada uno de nosotros será un exponente claro de nuestra forma de conducir, hecho que nos permitirá conocer a un conductor a través de su fisonomía. Este es, por tanto, un libro que nos permite conocernos a nosotros mismos y nuestra relación con el coche que conducimos. También nos faculta conocer a los demás, y, finalmente, trasladar toda ésa magia que practicamos en nuestra casa, a este segundo hogar rodante en que transitamos una buena parte de nuestra vida.