Hechizos directos e indirectos (I)

Hechizo indirecto

El principio mágico que opera en el hechizo indirecto es el de la analogía o de transferencia.
Se utiliza el material perteneciente a la víctima, como uñas, cabellos, vestidos o restos de comida; esto es así porque en ellos continúa la vida del sujeto.
En algunas comunidades nómadas, para evitar que alguien pueda usar los cabellos con fines maléficos, después de que han sido cortados, a la mujer encinta o a la última que ha parido le corresponde la tarea de quemarlos.
Eliminar las uñas es por el contrario el cometido del más viejo de la familia, el cual actúa de noche, cuando todos duermen, y con un ritual de plegarias las sepulta. Sobre el material antedicho se opera por fijación, putrefacción o anonadamiento.
El hechizo indirecto clásico es el efectuado a través del fetiche, o figurita de cera, que puede ser sustituido por un muñeco de trapo o por una fotografía. A falta de esto se puede usar también fruta, una vela o el corazón de un pollo.
En tal caso, el fetiche representa a la víctima y se opera en base al principio animístico. Se realiza una estatuilla de cera a la cual se incorpora el semen de la persona, u otro material que la haya tocado íntimamente. Lo que se haga sufrir a la figura repercutirá a distancia en la víctima. El operador mágico modela la figura de su enemigo, la atormenta con un alfiler a fin de que la persona sufra los mismos espasmos. La utilización de la cera para modelar la figurilla es debida al hecho de que al ser maleable se puede dar más concreta la semejanza con la víctima. Por supuesto un parecido preciso puede tener su importancia para cristalizar mejor en algún modo la imaginación del operador; para permitirle operar aun cuando no tenga nada personal contra él.
En la práctica moderna se usan como soporte las fotografías, para los hechizos a efectuar a distancia cuando no hay posibilidad de hacerse con un objeto personal.
A veces, el mago utiliza cualquier objeto, impregnándolo fuertemente con sus propias vibraciones.
Los procedimientos pueden ser de lo más diversos; varían de lugar a lugar y según el operador. Más que por el procedimiento, lo que importa es la persona que lo lleva a cabo.
El principio más importante para el mago es el de la visualización. Será conveniente visualizar al máximo el ser hacia el que haya de dirigirse el hechizo; será preciso verlo, sentirlo, hasta el punto de preguntarse si está realmente presente, y al mismo tiempo la intensidad deberá ser serena, precisa y natural.

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