Sirenas

hadas del mar
Son seres fabulosos que figuran en los relatos de la literatura griega. Hasta una época muy tardía no se describe su forma, diciéndonos que tenían cuerpo de pájaro y cabeza de mujer, pues los autores más antiguos que las citan no dan ningún pormenor sobre su estructura física.

Podría creerse, pues, que como tantos otros seres míticos, hablan sido concebidas de diferente manera, según las épocas; pero hay testimonios de que desde fecha muy antigua se les atribuía aquella forma; estos testimonios son los vasos pintados que reproducen sirenas de tal naturaleza desde el estilo de las figuras negras (por ejemplo, una hidria aticocorintia del Louvre, encontrada en Caeré, adornada con dos pájaros con cabeza de mujer, llevando uno de ellos una inscripción que declara ser una sirena). En vasos de época más reciente se reproduce esta forma.

En cambio, la literatura nos describe su carácter moral, su canto embelesador que atraía a los hombres que pasaban cerca de ellas; si no resistían a tal seducción, su muerte era segura.
La cita más antigua de las sirenas es la de la Odisea. Ulises, prevenido por Circe, no cae en su engaño al pasar cerca de la isla en que habitan, tapando los oídos de los marineros y haciéndose atar él mismo al mástil de la embarcación. De esta escena hay numerosas representaciones en vasos pintados. También figuran en el viaje de los Argonautas. Orfeo las vence con su canto y Jasón puede pasar sin dificultad.

Por el lugar a que se suponía referirse el relato de la Odisea se situó su isla en el occidente del Mediterráneo. En Hornero, las sirenas sólo son dos, ya que para designarlas emplea con frecuencia el número dual. Más tarde su número es de tres; su paternidad se atribuía al río Aqueloo o a Forcis, padre común de todos los monstruos de esta naturaleza. Su madre es a veces la ninfa Calíope, o Gea, la Tierra.

Esta última atribución es seguramente la más antigua. El nombre más antiguo que se conoce de una sirena, lo tenemos por un vaso del Museo Británico, que nombra a una de ellas, Himeropa. Más tarde son denominadas Agleofenia, Telsipia y Pisonea, o bien Parténope, Ligea y Leucosia. Una de las leyendas referentes a ellas trata de un concurso de canto con las Musas, presidido por Hera, en el que fueron vencidas. Tenían dedicado un templo en Sorrento.

El origen del mito de las Sirenas se ha discutido mucho. Furtwangler lo creía asiático, pero lo que parece más lógico es reunirías en el grupo de las Harpías, Erinias y otras divinidades infernales, y ver en ellas encarnaciones del espíritu de los muertos.

La creencia en las sirenas persistió aún mucho después de la extinción del paganismo. En la Edad Media se las llamó Mermaids o hijas del mar u ondinas. Un periódico inglés del siglo XVIII menciona, aunque muy someramente, la maravillosa aparición de una mermaid en las costas de la Gran Bretaña.

Las sirenas, además, poseen la facultad de transformarse en aves, mujeres-peces, o simplemente peces. Suelen medir un metro y medio de estatura, son bellísimas y van siempre muy enjoyadas con corales o estrellas de mar. Lamia es una de las reinas de las Sirenas, especialmente peligrosa para los marineros del Mediterráneo.
Las sirenas habitan en ricos palacios submarinos, no lejos de las costas de España, Grecia e Italia.

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