Préstamos de las hadas

Si las hadas a menudo tomaban cosas prestadas de los hombres, también estaban dispuestas a dejarlas a su vez, ya fueran utensilios o comida.

El utensilio más famoso que han prestado las hadas es el Caldero de Frensham. Había una colina feérica cerca de Frensham a la que acudía todo aquel que necesitara un caldero extraordinariamente grande. La persona en cuestión pedía el caldero en préstamo, explicaba la necesidad que tenía de él y decía la fecha en que iba a devolverlo, tras lo cual se le entregaba el caldero.

Aubrey por desgracia no dice si el hada era visible o no. El sistema funcionó perfectamente hasta que un prestatario impuntual olvidó devolver el caldero en la fecha especificada. Cuando finalmente lo devolvió, no fue aceptado, por lo que regresó con él y lo colgaron en la sacristía de la iglesia de Frensham, donde aún se podía ver en los tiempos de Aubrey, aunque luego desapareció.

J. G. Campbell tiene un pasaje en Superstitions of the Highlands and Islands of Scotland en que habla de préstamos de las hadas. Dice:
Cuando se les devuelve un préstamo, sólo aceptan el exacto equivalente de lo que han prestado, ni más ni menos. Si se les ofrece más, se ofenden y nunca vuelven a dar una oportunidad de que se repita el mismo insulto.

Sin embargo, ellas mismas devuelven los préstamos de grano con un generoso interés, aunque siempre dan cebada por trigo. A pesar de este generoso testimonio, Campbell atribuye a las hadas un mal carácter y dice que el mejor de sus regalos es que no den ninguno y que hay que evitar todo trato con las hadas.

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