Ondinas

Las Ondinas son las hadas o ninfas de los lagos, según la mitología de los países escandinavos. En realidad, corresponden a las náyades griegas. Suele representárselas surgiendo del agua con la cabellera húmeda y flotante.
Lo mismo que las sirenas, las ondinas tienen fama, seguramente justa, de seducir a los hombres que surcan sus aguas, hipnotizándolos hasta el punto de hacer que zozobren sus barcas.

Otras, en cambio, se enamoran de los seres humanos y la felicidad suele reinar en sus hogares. A este respecto: Friedrich de La Motte-Fouque relata un cuento según el cual una ninfa de un lago, o sea una ondina, se enamoró de un príncipe, con el que se desposó, abandonando su morada del lago. Al casarse con su enamorado, la ondina adquirió un alma humana perfecta. Sin embargo, cuando la Reina del lago dio su consentimiento para la boda, le impuso una única condición: su matrimonio sería dichoso mientras el príncipe le fuese fiel. Naturalmente, la Reina del lago conocía la debilidad que los hombres sienten hacia el sexo contrario de su misma raza, y confiaba en esa debilidad para volver a tener a la ondina en el lago.

Efectivamente, el príncipe, hombre galanteador y casquivano, no tardó en encapricharse de una dama de su corte, y la pobre ondina, deshecha en llanto, no tuvo más remedio que regresar al lago. Pero el príncipe, que en el fondo amaba a su mujer, se arrepintió de su desliz, y llamó desesperadamente a la ondina desde la orilla del lago. Al oír aquellas ardientes súplicas, la ondina, siempre con el permiso de la reina, surgió de entre las apacibles aguas del lago y le advirtió al príncipe que a partir de aquel instante ella iba a representar un riesgo mortal para él.

El príncipe, enamorado como nunca de ella, puesto que el roce del agua embellecía aún más a la ondina, juró que no quería separarse de ella. Esta lo atrajo, pues, hacia sí, y el príncipe, al penetrar en las profundas aguas del lago, se ahogó en ellas, desapareciendo con la ondina bajo un feroz remolino.

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