Náyades

Las Náyades son ninfas de ríos y fuentes, aunque en algunas regiones también llaman náyades a las ninfas o hadas de los lagos. Las náyades son hadas muy hermosas, más todavía que las que habitan en mares y océanos, y su estatura llega a veces hasta un metro y medio, si bien generalmente son mucho más diminutas. Visten ropajes azules o blanquísimos, muy refulgentes.
Hornero las cita en sus poemas, y según el aedo ciego las primitivas náyades eran hijas de Zeus y madres de los Sueños y los Sátiros. Ellas educaron a Mercurio, a Baco y a otros dioses griegos.
Ovidio escribe que unas náyades fueron transformadas en islas por el dios-río Aqueloo, al no haberlo invitado a una fiesta.
Naruralmente, se representa a las náyades como bellas doncellas coronadas de flores. Se consideraba antiguamente que las náyades sentían una gran pasión por los juegos olímpicos y la música.
En general, las hadas acuáticas de lagos, fuentes y ríos no son tan numerosas como las de los mares, ni siquiera como las que constituyen las comunidades que habitan en la región de los Grandes Lagos de Canadá.
Además, las hadas de agua dulce son bastante diferentes de las de agua salada, más adaptadas en color y movilidad a su medio ambiental.
De las diversas clases existentes, hay que destacar dos principales: las más pequeñas, de los torrentes y arroyuelos que miden de 20 a 25 centímetros, y las que miden hasta dos o tres palmos de estatura.
Las primeras poseen rostros y tipos completamente humanos, y muestran un colorido azulado, que puede ser turquesa en los ríos e irisado en las cascadas. Tienen una cara más bien pequeña, de forma triangular, pero siempre proporcional a su cuerpo: las manos y los pies son decididamente femeninos. A veces, deambulan por las riberas fluviales o lacustres.
Las hadas acuáticas de agua dulce mayores presentan un color levemente más azul, y no tienen una cara tan humana como las anteriores, aunque sí algo más que sus congéneres de los mares. En su conjunto, son más humanas que aquéllas, particularmente en lo tocante al cabello y los ojos, aunque estos pueden estar más separados que en el ser humano.
Las hadas de agua dulce son esbeltas y gentiles, y no obstante no están tan llenas de vida como las hadas marinas. Sin embargo, se sienten mucho más interesadas por el hombre, y les encanta contemplarlos. Les entusiasma el baile, el canto y la música.
Estas hadas habitan en los ríos, los lagos, las cascadas, los embalses, pero en algunas ocasiones viven alguna temporada en los pozos de las granjas circundantes, atraídas por su afición a los seres humanos, especialmente los niños.
Siendo así que el agua posee un ritmo propio, no es de extrañar que también lo tengan las hadas que la habitan, y debido a esto sienten asimismo un enorme entusiasmo al escuchar la música de los humanos. Por eso, cuando algún grupo de amigos se reúne para entonar sus canciones a la orilla de un río o un lago, a su alrededor se disimulan para escucharlos, todas las hadas, tanto acuáticas como terrestres, de la comarca.

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