Hadas del Invierno

fotos de hadasEl invierno trae consigo días grises, frío y nieve. Los pájaros emigran hacia tierras más cálidas y los árboles se quedan sin hojas. Los campesinos no tienen tanto trabajo como el resto del año, pero las hadas del invierno emprenden una intensa actividad.
Se ocupan cuidadosamente de los árboles y las plantas perennes, como el pino o el boj, y los vivifican con su energía espiritual, así como previenen o reparan los daños que pueden ocasionar la nieve y el frío en los arbustos más frágiles.
Al igual que las hadas de otras estaciones, las del invierno están perfectamente preparadas para su tarea e, incluso, sus vestidos se confunden con los colores de la vegetación invernal: desde los limpios tonos blancuzcos de las hadas del lirio de invierno y del endrino, los amarillos de los elfos del tejo y de la pequeña hada del bontero, y el violáceo del elfo de la ortiga muerta. Y es que los colores que lucen las hadas y los elfos del invierno se corresponden con los de las plantas y las flores a los que están vinculados.
Pero, entre todos ellos, destacan de una manera especial el hada del árbol de Navidad y el elfo del acebo, como los más representativos del solsticio de invierno en el Hemisferio Norte.
La noche del 22 de diciembre, el hada del árbol de Navidad, llevando una varita luminosa en la mano, encabeza el cortejo del carnaval de invierno del país de las hadas. Las demás llevan ramas de abeto y entonan villancicos, excepto el hada del bonetero y el elfo del tejo, que iluminan con velas la oscuridad entre la maleza, y el elfo del acebo que, vestido como un bufón errante, con campanillas en el gorro y los zapatos, distrae a la comitiva con juegos malabares.
Las hadas patinan sobre los helados charcos, construidos por las hadas de los hielos, y beben un sabroso té de menta para entrar en calor. Las más jóvenes se lanzan bolas de nieve del tamaño de una semilla y juegan a espantarse con ramitas de muérdago.
Antiguamente, en Escocia, durante la víspera de Shamain, Caillech, la Reina de las hadas de invierno, relevaba a Carlin en el gobierno de la naturaleza. Poco a poco, el paisaje otoñal iba dejando paso a los vientos fríos, la escarcha y los hielos del invierno. Las altas cumbres se cubrían de nieve y todo parecía entrar en un profundo letargo hasta el despertar del Beltane, la festividad del fuego.
Cada año, la llegada del invierno es un momento mágico y hermoso. El suelo se endurece con el hielo y Caillech se adueña de los campos y de las montañas silenciosas, sólo perturbadas por el silbido del viento, y cubre el paisaje con un manto blanco.
En las planicies nórdicas, Caillech se conoce con el nombre de Reina de las Nieves. De ella se dice que es fría e implacable y que conduce un trineo blanco arrastrado por dos corceles a través del solitario invierno.
En Alemania, la estación invernal está gobernada por la amable Frau Hollé, que todos los años sacude su edredón con fuerza: las plumas salen de su interior y se convierten en pequeños copos de nieve a medida que van cayendo sobre el suelo dejándolo blanco.
En Rusia, en cambio, el dueño y señor del invierno es el Padre Frío, que agita los vientos y las tempestades de nieve sobre las grandes estepas, con una furia inusitada. Caillech se sirve a menudo de su corte de hadas y elfos para realizar sus tareas invernales. Las Vilas, por ejemplo, salvan a los hombres que se extravían en las altas cumbres nevadas y algo parecido sucede con los Barbegazi, que hacen sonar un potente cuerno para advertir a los hombres y a los animales del peligro de los aludes que están a punto de desprenderse.
En algunos lugares, Caillech se presenta como una bruja de larga cabellera blanca y el rostro azulado por el frío. En algunos relatos del suroeste de Munster, se cuenta que, mediante un hechizo, Caillech se convierte en una hermosa joven al llegar la primavera.
Los hombres del hielo, súbditos de Caillech, tienen los pelos de las barbas y las uñas de los dedos como afilados punzones de hielo, y su aliento levanta furiosas ventiscas. Su carácter frío puede ser peligroso para los humanos, pues, si se enojan, pueden convertirlos en témpanos de hielo o muñecos de nieve.

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