Hadas del Fuego

De los cuatro elementos naturales, el Fuego es uno de los más fascinantes y venerados, y es por ello que tiene un lugar predominante dentro de las leyendas de todo el mundo.
Muchas figuras mitológicas han sido conocidas por estar estrecha-mente ligadas a este elemento. Basta pensar, dentro de la mitología griega, en Hefestos, el dios del fuego y las fraguas, cuya morada estaba en el interior de un volcán; o Prometeo, el titán que robó una chispa del Fuego sagrado para ofrecérsela al hombre.
En la mitología escandinava se encuentra Loki, llamado también Trickster, por robar el Fuego de los dioses y dárselo al hombre. En Nueva Zelanda, Maui, al igual que los anteriores, también sustrae el fuego de la diosa que lo guardaba celosamente en la punta de los dedos de sus manos y pies, y que era la responsable de comenzar grandes incendios cada vez que elevaba sus extremidades hacia el cielo para que el fuego tomase contacto con el viento reavivador.
Lo fascinante y aterrador de este elemento es su ambivalencia; ya que, por un lado, es acogedor y nos muestra su lado cálido, ofreciéndonos su luz y calor; y al mismo tiempo es devastador, arrasando todo a su paso cuando se descontrola o enfurece. Esta es, en cierta medida, la naturaleza propia de este elemento: su imprevisibilidad y sus cambios continuos.
En muchas sociedades, el ruego tiene carácter religioso y es tratado como un ser vivo; de hecho, el fuego es vida y el deber de sus cuidadores —chamán, sacerdote, etc.— es velar que nunca se apague, mantener la Llama Sagrada viva por siempre.
En Inglaterra, los Fuegos Sagrados se siguen encendiendo y conservando en los antiguos días festivos ahora paganos, como en el Samhaim y el Midsummer Eve, o en atardecer del solsticio de verano, siempre atrayendo a un sinfín de hadas de este elemento, que revolotean alegres entre las chispeantes llamas.

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