Hadas de la Primavera

fotos de hadasEn primavera, las hadas de las flores actúan siguiendo el ritmo de la naturaleza. No necesitan saber las fechas del calendario, pero, a partir del 20 de marzo en el Hemisferio Norte o del 20 de septiembre en el Hemisferio Sur, cuando los días son ya más largos, las flores empiezan a brotar y abrirse de par en par, asistidas por sus hadas cuidadoras que les transmiten su alegría.
Entre todas ellas, la primera en aparecer es el hada del tulipán, que con delicadeza despierta los pequeños bulbos, animándolos a asomar sus cabecitas. De este modo, cuando los primeros tulipanes emergen, las hadas se dan cuenta de que la primavera ha llegado.
A continuación, cada hada va desperezándose junto con su flor respectiva; la margarita, la prímula, la celidonia, el diente de león, la ortiga o el narciso. Todas las hadas se disponen a celebrar con gran júbilo el estallido multicolor de la primavera. Las hadas se ponen sus mejores vestidos, que adornan con flores, hojas y ramitas.
Entonces, buscan un claro del bosque, bien luminoso y agasajan con coronas y guirnaldas al hada del tulipán.
Esta hada es la encargada de presidir la festividad, situada en el centro de un amplio círculo, en cuyo interior se depositan miles de pétalos que forman un tapiz en el suelo. Elfos, gnomos y duendecillos acuden para participar en la celebración con sus brincos y atrevidas cabriolas, que llegan a alcanzar hasta las copas más altas de los árboles. Al mismo tiempo, las hadas ejecutan su armoniosa y resplandeciente danza, en la que se toman de las manos y giran sin cesar alrededor del hada del tulipán, símbolo inaugural y vigoroso de la naturaleza creciente.
Mientras, un virtuoso coro de pájaros, revoloteando en el aire, entona una alegre y vigorosa canción. Les acompañan el suave arrullo de las hojas de los árboles y el tranquilizador rumor de la brisa de primavera.
Seguramente, de esta ceremonia feérica, deriva la tradicional Fiesta de la Flor de Mayo, que se celebra particularmente en Irlanda. En esta fiesta, la gente danza alrededor de un mástil o de un poste, para conmemorar la llegada de la primavera, todo un acontecimiento mágico.
Entre los celtas, un personaje fundamental de esta etapa es el hada Branwen, Reina de la Primavera. Debido a su juventud y hermosura, los antiguos celtas consideraban a Branwen, hija del Dios de las aguas Manannan y esposa del legendario rey irlandés Mathowch, el símbolo de la primavera repleta de vida y color.
En la mitología celta, Branwen es una de las tres matriarcas de Bretaña y Diosa del renacimiento y de la regeneración. Por ello, uno de sus atributos es el caldero, que, al igual que el Santo Grial, se dice que contiene la esencia misma del despertar y de la vida.
El hermano de Branwen es Bran, Dios del sol y Señor de la profecía y las artes, así como de las batallas. Branwen se enfrenta a Caillech, la Reina del invierno, en el festival de Beltaine, que da la bienvenida a la primavera en ese hemisferio. En la contienda que los enfrenta, sale vencedora Branwen, que, sentada en su trono de flores, pasa a presidir el ritual en que se encienden hogueras coronadas con largas pértigas, símbolos de los robles sagrados.
Dado que la primavera se ha interpretado, tra-dicionalmente, como la metáfora del despertar de la pasión amorosa, hay quien comparar a Branwen con la diosa griega Afrodita (Venus para los romanos), la diosa del amor. Lo cierto es que los jóvenes enamorados acuden a ambas diosas para rendirles culto y recibir sus dones.
Afrodita, al igual que Branwen, regía también la fiesta de la primavera, que en la antigua Grecia se celebraba el primero de abril. En este festival, no sólo se celebraba la gracia y la hermosura de la naturaleza, sino también el amor imperecedero y el deseo amoroso que, según se creía, rebrotaba con fuerza en esta estación del año.
Por su identificación con la diosa grecorromana, Branwen se conoce también con el nombre de «Venus de los mares y de las tierras del norte». En algunas culturas, la reina de la primavera se considera el heraldo del dios del Sol, al que precede o sigue en su aparición.
Según una antigua leyenda, equivalente a la de la diosa griega Afrodita, Branwen surgió de las aguas del mar, alumbrada por los rayos del sol. Los colores que se atribuyen a Branwen son el rosa, el verde y el azul celeste, y las piedras preciosas son el aguamarina y la turquesa. Branwen es, además, un símbolo claramente femenino y se erige en guardiana de la fecundidad.

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