Ouija, el telégrafo de los muertos

Cuando las hermanas Fox inventaron la primera y rudimentaria «ouija», nadie estaba en condiciones de sospechar las asombrosas posibilidades que éste «telégrafo de los muertos» iba a desarrollar, ni de las misteriosas entidades con las que, gracias a este instrumento, cualquiera de nosotros podía llegar a contactar.

La «ouija» es, sin duda, el método más popular de jugar al espiritismo. Puede calcularse que sólo en Europa lo practican, al menos, cinco millones de personas de forma más o menos esporádica, y no menos de un millón en forma sistemática. Su aparente inocuidad, la facilidad con que se realiza y los siempre sorprendentes resultados que se obtienen hacen de la «ouija» el sistema más indicado para la iniciación de los principiantes.

Ouija significa «Sí» en los idiomas francés y alemán. Con ello se alude a la primera palabra que suele aparecer en las sesiones, cuando se pregunta si hay algún espíritu presente. Este juego es casi tan antiguo como el espiritismo, y alcanzó su momento de mayor esplendor en los salones espiritistas de finales del XIX y principios del XX. Tiene la ventaja, en relación con otros métodos más sofisticados, de su sencillez, claridad y la rapidez con que se obtienen las respuestas.

Pero en contra de quienes las consideran como simples experiencias intrascendentes derivadas de un juego, existe un criterio según el cual las sesiones de «ouija» pueden ser consideradas sin demasiada facultad de científicas, siquiera sea por haber constatado un hecho realmente importante y al que con frecuencia no se le presta la atención que merece: el de que los «espíritus» son personales. Es decir, aquello que se manifiesta sigue unas pautas de comportamiento perfectamente homologables a los distintos caracteres humanos. Un «espíritu» nunca es igual a otro y, más curioso aún, un mismo «espíritu» puede aparecer en sesiones diferentes, aunque los participantes en esas sesiones no sean los mismos. De ahí a decir que se trata de inteligencias «desencarnadas» media un paso muy corto, pero nada autoriza, en rigor, a darlo.

Quienes han acumulado experiencias de carácter espiritista coinciden en señalar que la influencia psicológica de las sesiones suele ser efímera y poco duradera. Aunque se trata de una práctica igualmente refutada de antigua, corriente e inocente, también hay que destacar el hecho de que, en un primer contacto con este tipo de sesiones, personalidades no muy fuertes se sienten influenciadas mientras dura el experimento, y muy rarísima vez después de que éste haya concluido. A no ser que se trate de personas mentalmente enfermas o muy desequilibradas, la influencia negativa es prácticamente inexistente.

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