Opinión de los neurólogos

espiritismo

La italiana Eusapia Palladino, incluso sumida en un profundo sueño, lograba desencadenar toda una serie de extraños fenómenos paranormales durante unas sesiones médiumnicas que provocaron el estupor de los científicos.

Para muchos especialistas en Psiconeurología, tras un episodio «posesivo», e independiente de las manifestaciones paranormales que se produzcan, no existe otra cosa que un estado de disociación psíquica de la personalidad. Algunos psiquiatras explican esto en base a que nuestros recuerdos, nuestros contenidos psíquicos, están engramados en redes neuronales de nuestro cerebro. Tanto en la hipnosis (heterosugestión) como en el trance autoinducido de los médiums (homosugestión), en el sujeto se genera un intenso estrecha miento del campo de su conciencia, convirtiéndose en monoideista. Una sola o pocas imágenes se fijan en ella. Al mismo tiempo se potencia un estado de elevada sugestividad. De ahí la fe casi dogmática del espiritista. Este mecanismo autoexcitador reiterativo (voy a caer en trance, voy a caer en trance…) provocaría el disparo de complicados mecanismos cerebrales, capaces no sólo de cortar vías de información nerviosas entre campos de recuerdos, sino de abrir otras que nos pondrían en conexión con las áreas más profundas de nuestra personalidad (inconsciente).

El primer tipo de bloqueo, o ruptura del yo, provoca una disociación de personalidad. El médium se creería así que su ego se identifica con Napoleón o con el Papa León XIII, de forma análoga a lo que de una manera latente le ocurre al enfermo esquizofrénico paranoide. Los psiquiatras prefieren tipificar este cuadro como una neurosis histérica de carácter disociativo.
Naturalmente, contra esta versión racionalista del especialista en psicología fisiológica luchan los adeptos del espiritismo.
Con el desarrollo de la tecnología se aportaron muchos sistemas para descubrir a médiums impostores. La fotografía infrarroja en plena oscuridad llegó a detectar hábiles maniobras y la era de famosos dotados fue declinando. Los científicos escépticos opinan que, gracias a tan sofisticados procedimientos de control, los espiritistas protestan porque parten de la base de que un excesivo control inhibe las facultades de una médium, que requiere un clima tranquilo exento de actitudes críticas y de espúreos instrumentos de laboratorio, aduciendo, además, que si bien, como en todas las profesiones, pueden encontrarse «dotados» deshonestos, es posible presentar biografías de médiums sobre los que jamás pudo recaer sospecha alguna.

En definitiva, la época de los grandes médiums parece que ha pasado, y el hecho ha coincidido con los adelantos técnicos que han ayudado a una investigación más exhaustiva de los fenómenos. Sin embargo, en la actualidad lo mismo que entonces, la mediumnidad existe con categoría de hecho incuestionable y rodeada de la misma serie de acontecimientos espectaculares. La ciencia ortodoxa, ante la imposibilidad de dar una explicación racional y exacta del mundo espiritista, prefiere ignorar los hechos o desmentirlos.
Pero los hechos están aquí, con su insondable carga de misterio y su poderosa capacidad de fascinación. Como también está suficientemente constatada la facultad humana de atraer extrañas energías, procedentes tal vez de mundos ignorados, cuyas manifestaciones desafían las leyes de la física, así como los conceptos admitidos de tiempo y espacio. ¿Se atrevería usted mismo a invocar esas fuerzas? En otras páginas, dedicadas a los más audaces, proponemos los métodos para intentarlo.
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