Un valioso manual

Los datos contemporáneos sobre el simbolismo esotérico de las catedrales son pocos; y es que la gran mayoría de las interpretaciones se remonta al siglo XIX. Por ello hay que tener en cuenta la importancia de la conservación del valioso texto de Guillaume Durand (h. 1230-1296) Manual para entender el significado simbólico de las catedrales y las iglesias.
Guillaume Durand nació en Puimisson, en las proximidades de Béziers (Francia). Fue canónigo en la catedral de Naguelone y profesor de derecho en Bolonia y Módena; en 1265 fue nombrado capellán por el papa Clemente IV En 1285 fue nombrado obispo de Mende.

En su libro, parte de la hipótesis de que el lenguaje cristiano está marcado por numerosos aspectos esotéricos; en efecto: «Muchas verdades que no vemos están ocultas en la sombra».
Al hablar explícitamente del edificio sagrado, Durand ponía de relieve el carácter esotérico de numerosas arquitecturas, subrayando sobre todo la necesidad que tenía el hombre de fe de comprender los significados más ocultos. Si seguimos su visión:

Todas las cosas que pertenecen a los oficios, a las costumbres o a los ornamentos de la iglesia están llenas de figuras divinas y de misterio, y cada una de ellas en particular rebosa dulzura celestial, siempre que la persona las examine con atención y amor, y sepa extraer la miel de la piedra y el aceite de la roca más dura.

El libro de Durand ofrece para cada parte estructural y decorativa de la catedral una interpretación profunda que intenta penetrar en los significados más ocultos. Analiza aspectos fundamentales, como la forma, la orientación y los materiales, pero también se detiene en características menores, aparentemente sin significado, como por ejemplo las tejas, los escalones o las rejas. El resultado es un manual importante, todavía hoy, para quienes intentan observar atentamente una catedral en sus aspectos menos obvios, pero no por ello carentes de interés.

Entre los más de ciento sesenta artículos que constituyen el Manual para entender el significado simbólico de las catedrales y las iglesias, mostramos a continuación un ejemplo particularmente instructivo para nuestra obra:

La iglesia se erige sobre cuatro murallas. En otras palabras, se eleva a través de la doctrina de los cuatro Evangelios. Es larga, ancha y se yergue hacia lo alto, es decir, hacia las virtudes más elevadas; su longitud es la longanimidad que acepta pacientemente los obstáculos hasta el día en que alcanzará la patria celestial; su anchura es la caridad, que, al desarrollar y extender el alma de los hombres, ama con ternura a sus propios amigos en Dios y a sus propios enemigos para Dios; la altura de la nave es la esperanza de la recompensa futura que le hace despreciar la felicidad y el dolor de este mundo, hasta que vea los bienes del Señor en la tierra de los vivos.