Rimbaud, poeta atormentado

Se ha escrito mucho sobre la azarosa vida de Arthur Rimbaud (1854-1891), consumida en poco tiempo entre el furor de la poesía y el deseo de derribar las barreras humanas que se interponen entre la sensación y la acción. Rimbaud llegó a concretizar su violencia creativa en la transgresión y dio cuerpo a los remolinos de su torturada alma. Un alma fuertemente comprometida con el conflicto de los opuestos, y en que la elevación hacia la búsqueda estética no consiguió convivir con la necesidad casi física de infiltrar los abismos del ego, cayendo así en el laberinto de la perdición sin retorno.
Para captar la influencia del esoterismo en la poesía de Rimbaud, observaremos su soneto Vocales, en que se detecta, sin duda, la presencia del simbolismo alquímico, en un crescendo de alusiones alegóricas.

A negro, E blanco, I rojo, U verde, O azul: vocales,
diré algún día vuestros nacimientos latentes:
A, negro corsé velludo de las moscas brillantes
que zumban alrededor de hedores crueles,

golfos de sombra; E, candor de los vapores y de las tiendas,
lanzas de los glaciares orgullosos, reyes blancos, escalofríos de umbelas;
I, púrpura, sangre escupida, risa de labios bellos
en la cólera o en las borracheras penitentes;

U, ciclos, vibraciones divinas de los mares verdosos,
paz de las dehesas sembradas de animales, paz de las arrugas
que la alquimia imprime en las grandes frentes estudiosas;

O, supremo clarín lleno de estridencias extrañas,
silencios atravesados por mundos y por ángeles:
—O el Omega, ¡rayo violeta de sus ojos!

Intentemos analizar con detalle los versos de Rimbaud y captar su función dentro de la esfera alquímica.
Para empezar, es posible percibir que el poeta, en el primer verso, asocia un color a cada vocal: la elección cromática no es fruto del azar, porque el negro, el blanco, el dorado, el verde y el azul remiten a una especie de progresión alquímica que refleja, en el terreno de la coloración, las fases del Opus Nigredo, Albedo, Cürinitas, Rubedo. Los «momentos» de la transmutación, por tanto, pueden ser provisionalmente puestos en correlación con las vocales en la secuencia siguiente: A, E, I, U, O.
Las «moscas brillantes» evocan de nuevo la transmutación que lleva a la regeneración de la materia; he aquí, por tanto, la posibilidad de descubrir una segunda lectura además de la del proceso creativo de la palabra.
Partiendo de la obra, las palabras hallan la fuerza de ser insertadas en una nueva fase, convirtiéndose así en el instrumento fundamental del mecanismo de la transmutación.
En los versos del poeta simbolista, tenemos la posibilidad de recorrer de nuevo las distintas fases de la obra gracias a un mecanismo simbólico definido es-tructuralmente, que, sin embargo, no pierde de vista el papel evocador que tiene la poesía.
La fase inicial empieza en una dimensión que está dominada por la sombra, atormentada por «hedores crueles»: el mecanismo protoquímico del trayecto hecho de «escalofríos de umbelas» conduce al candor en que tomará forma y podrá renacer. Y así se pasa a la fase de la «sangre escupida», que, entre cólera y ebriedad, intenta liberarse de un cuerpo nuevo.
La evolución de este crecimiento alcanzará la conciencia de la armonía visiblemente transmitida en la «paz de las dehesas sembradas de animales». Sin embargo, detrás de la apariencia de la visión se encuentra una paz más profunda, hecha «de las arrugas que la alquimia imprime en las grandes frentes estudiosas». Es la paz del conocimiento, el equilibrio de un saber que permite al hombre no crear chirridos con su ser hasta que alcance la manera de estar en simbiosis con el todo.
La posesión del equilibrio, purificada de las enfermedades de la materia, lleva al «Omega», desde el cual es posible observar los «mundos» sin tener que formar parte de ellos, consiguiendo así captar la grandeza de las cosas con una mirada que puede llamarse Amor, Arte, Equilibrio…
Según Ambesi, «el arte combinatorio con el que [Rimbaud] sueña y al que vuelve en otros escritos tiene la exacta fisonomía alquímica en las líneas principales y puede distinguirse o yuxtaponerse a la técnica parecida de la agresión y de la disociación del discurso próximo a criterios cabalistas, en otras palabras, arquitectónicos».