Rennes-le-Château, entre la historia y la leyenda 2

En resumen, los misterios de Rennes-le-Château, que podemos interpretar a través de la descodificación del lenguaje esotérico que caracteriza a lugares y edificios, pueden ser racionalizados de la siguiente manera:
— posicionamiento del lugar en una región ya considerada sagrada antes del cristianismo;
— presencia de símbolos esotéricos y alquímicos en la arquitectura;
— presencia del tesoro de los cataros.
Se reúnen todos los elementos para dar cuerpo a un mito que se esfuerza por justificar su propio origen histórico, y que suscita muchos interrogantes llenos de encanto.
Asimismo, comprendemos las razones que pueden haber llevado a numerosos autores a escribir tantos libros sobre Rennes-le-Cháteau y, sobre todo, a todos esos lectores a lanzarse ávidamente sobre dichas páginas en busca de indicios, de la mínima señal, de un rastro…
Quizás el abad Sauniére descubriera un indicio particularmente importante en la tela de Poussin Los pastores de la Arcadia, de 1630. La obra representa a cuatro pastores (tres hombres y una mujer) reunidos en torno a una tumba antigua sobre la que se lee la inscripción Et in Arcadia ego. Al fondo se distingue un paisaje montañoso particularmente tormentoso, uno de los tan numerosos paisajes «de invención» que en todo momento han servido de decorado a muchas obras pictóricas.
Algo cambió en 1970 en Arques cuando, a una decena de kilómetros de Rennes-le-Cháteau, se descubrió una tumba que poseía las mismas características que las de la tumba del cuadro de Poussin; además, el paisaje en sí era prácticamente idéntico al de la tela. Para quienes han analizado la obra, se trata de un parecido casi fotográfico, que no es en absoluto fruto de la casualidad.
Parece bastante insólito que en 1892, a su regreso de París, Sauniére poseyera dicha representación. ¿Acaso un reducido número de personas conocía la existencia de la tumba de Arques? Y, sobre todo, ¿se conocía su relación con Rennes-le-Cháteau?
Son preguntas a las que no nos resulta posible dar una respuesta, ni siquiera tras investigar la vida de Poussin, que pintó dos obras con el mismo título. La primera se remonta a 1630 y se halla en Chats Worth, en Devonshire, y la segunda, conservada en el Louvre, fue realizada unos diez años más tarde. En esta última, la colina de Rennes-le-Cháteau se distingue claramente sobre el fondo y aparece como una fortaleza inaccesible. No lo fue para los ejércitos, los peregrinos, los investigadores ni los curiosos, pero sí para quienes intentaron acceder a sus secretos más profundos. Misterios a los que sólo el abad Sauniére tuvo acceso.
En la actualidad, los historiadores afirman que los pergaminos eran apócrifos y que el priorato de Sión es una historia fraudulenta con una función antisemita y antifrancmasona. Su inventor habría sido Pierre Plantard, comprometido con la extrema derecha y los viejos defensores de la monarquía.
Sin embargo, para los visitantes de la iglesia de Rennes-le-Cháteau, ahí están los numerosos símbolos inexplicables, diseminados por el abad Sauniére durante la restauración de la iglesia. Igualmente sigue sin explicación el origen del dinero necesario para dichas obras. Entre los signos más evidentes, se hallan la inscripción Terribilis est locus iste en el tímpano de la iglesia, la estatua del diablo Asmodeo a la entrada, que sostiene una pila de agua bendita, y el vía crucis presentado en el sentido contrario a las agujas del reloj, en el que cada etapa está coronada por un símbolo de la Rosa-Cruz. No obstante, no son más que algunas de las numerosas incitaciones que superan lo visible para descodificar algo que se nos escapa.
Todos los años, el 17 de enero, un gran número de personas se reúne en Rennes-le-Cháteau para observar un efecto óptico curioso proyectado por las vidrieras del lado sur, en el interior de la iglesia, en la pared opuesta: aparece una especie de árbol con manzanas azules que recuerda un mensaje del primer pergamino hallado por Sauniére: A mediodía, manzanas azules.
Ver manifestarse el «misterio» hasta crear uno, en la expectativa o en la certeza de conseguir explicar los arcanos de la existencia, es una de las necesidades más inherentes del hombre. También por ello Rennes-le-Cháteau puede seguir legítimamente perteneciendo a un recorrido iniciático, si bien sobre un rótulo colgado justo después de la entrada a la iglesia puede leerse Dans cette église, le trésor cest vous («En esta iglesia, el tesoro eres tú)».